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En una extensa nota con Diario Olé, en la que analizó presente y futuro de la Selección Argentina, Lionel Scaloni también tuvo tiempo para repasar sus inicios en el fútbol y abrir las puertas de su intimidad: cómo es la relación con sus dos hijos, qué le preguntan y cómo es vivir alejado de ellos gran parte del año. Leelo, escuchalo y miralo a continuación.

-¿Qué te gusta hacer de la vida aparte de hablar de fútbol?

-No, soy muy monótono. No salgo mucho, acá me muevo del predio al hotel y del hotel al predio o a Pujato. Voy mucho por ahí. A cenar voy con Pablo (Aimar) o con gente del cuerpo técnico, o con el profe o con Martín (Tocalli). No tengo mucha vida social. La perdí un poco pero no creo que sea por el cargo. No lo sé… Cuando estoy en España, también, me manejo con mi esposa y mis hijos. Llevo a los nenes al colegio, vuelvo, los llevo a jugar al fútbol, que me vuelvo loco con el más grande. Me vuelvo loco (enfatiza). Quiero que ya meta goles todos los partidos.

-¿Cómo se llaman? ¿Edades?

-Ian tiene 8. Y tengo otro nene, de tres y medio, ese va a ser bueno, je. Se llama Noah. Son la distracción que tenemos con mi esposa, vivimos para ellos. Se me hace difícil ir a verlos jugar y estar callado, no soy un ejemplo. Estoy callado pero no soy un ejemplo. Yo desde chiquito, cuando jugaba al fútbol, era un cargoso, no paraba de correr, no paraba de animar, no paraba de romperles las bolas a mis compañeros, y yo quiero que mi hijo sea igual. ¡Un error! Es un error, porque mi hijo tiene su carácter. Y a pesar de que es bastante parecido, siempre le pido más. Mi papá me crió así, siempre más, siempre más… Yo de chiquito, en las Inferiores de Newell’s, era una de las figuras. Después terminé siendo un jugador normal. Me formé así e intento que mi hijo sea así. Pero entre la familia, la bici -que me interno en la montaña con Carlos Moyá (el ex tenista)-, y salir a comer de vez en cuando, no hago más que eso.

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-¿Lectura, algún libro?

-No, no.

-¿Mirás series, vas al cine?

-No, nada, cero. Fútbol y fútbol. Mi esposa me dice: “¿Quién juega ahora? El Tottenham de Uganda contra no sé quién…”. Y nos morimos de risa, porque hoy los nenes acaparan la televisión. Está Wyscout que al toque mirás los partidos, si no te volvés loco: están jugando Milan-Sampdoria, vos lo querés ver y tu hijo está mirando la serie de Disney. Y a veces lo ves por el teléfono el partido, un loco del fútbol, sí. A mí me gusta ver mucho fútbol, estaría todo el día.

-¿Y esta época cómo la canalizás?

-Es dura, es dura, porque llega un punto en que analizás, analizás, analizás y volvés a analizar, y decís “esta jugada la vi 300 veces” y llega un momento que hasta la ves diferente… Intentamos no volvernos locos. Hay mucho tiempo libre. Nos gustaría ir a charlar con otros entrenadores y evitás molestarlos porque uno juega Libertadores y el otro, por el descenso…

-¿Y cómo es vivir a la distancia de la familia? Ellos en Mallorca, vos en Buenos Aires…

-Es una locura, es lo peor. Yo viví solo, hasta los 32 años. Y me encantaba porque hacía lo que quería, no tenía horarios para comer, y ahora estoy solo pero es otra soledad, porque vos sabés que tenés tus hijos, te acostumbrás a llevarlos a entrenar o al colegio y de repente no los podés llevar más. Es lo más duro que hay. Porque no se prepara uno para eso, es como el retiro.

-¿Y los nenes lo entienden?

-El más grande sí, ya te pregunta cuándo volvés. Hacés video llamada y no se te pone en la cámara, que es lo peor, se te escapa, y ahí te empezás a dar cuenta de que hay algo que está mal… Esto es pasajero, ya veremos cómo lo solucionamos, porque sin la familia sinceramente es difícil. Por suerte tengo el pueblo, voy a Pujato y están mi viejo, mi vieja, mi hermano, mi hermana, mi tío, mi tía… Ahora vinieron para las Fiestas, a los nenes les encanta el pueblo y aprovechamos para estar juntos.

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-Y al más grande, ¿cómo le pegó que su papá dirige la Selección y a Messi?

Cada tanto viene y te dice (imposta la voz al acento español): “¿Es verdad Leo -porque me dice Leo, estoy tanto afuera que no me dice ni papá- es verdad Leo que eres el técnico de la Selección Argentina?”. Te lo pregunta porque hay veces que no lo cree. “Sí, Ian, ¿no viste el otro día el partido que estuve dirigiendo a la Selección Argentina?”. Y me dice (vuelve a cambiar la voz): “No, es que los chicos no me creen que tú eres el técnico de la Selección Argentina”. Es muy cómico porque a él le gusta el fútbol. Y encima que le gusta, es fanático de los jugadores argentinos: él, de Leo, y de Dybala el más chico. Entonces, claro, es muy loco para ellos.

-¿Y los conocieron a través de vos?

-Sí, cuando estuvimos en Mallorca, llevé a todo el grupo de fútbol de Ian. Iban a venir 15 y se infiltraron como 15 más. Son momentos para ellos inolvidables. Me acordaba de cuando yo jugaba y quería sacarme fotos con los fenómenos de esa época.

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