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La tradición indica que el flamante presidente argentino realiza su primer viaje a Brasil, principal socio comercial y potencia sudamericana que marca el ritmo del sub continente.

Pero la actualidad obliga a repensar eso, pues Alberto Ángel Fernández y Jair Bolsonaro​ solo han tenido contrapuntos más que encuentros, con el asunto de Luiz Inácio Da Silva como quid de la cuestión bilateral.

Otra opción es que Fernández viaje a Chile, país al que quiso ir durante la campaña electoral pero un mix entre los tiempos electorales del Frente de Todos más la compleja situación social y las protestas que se viven en el país que gobierna Sebastián Piñera, impidieron que Alberto haya aterrizado, hasta el momento en Santiago de Chile.

El flamante presidente argentino ha tenido, desde su asunción, ofertas de viaje a Francia, Italia y otros países europeos, destino que agrada a Fernández por su afinidad con ese continente, en el que no hay que descuidar España, de tradicional buen vínculo con Buenos Aires.

En tanto, los Estados Unidos asoman como un destino ineludible, por el peso de la mayor potencia que hoy gobierna Donald Trump ​sino también, por el asunto de la renegociación de la deuda argentina, que es uno de los pilares del arranque de la gestión F.

Hacia ese país irá en breve Martín Guzmán, el ministro de Economía y responsable de la discusión por el aplazamiento de los pagos de la deuda, asunto que discute mano a mano con Alberto y en el que también da su punto de vista Gustavo Béliz​, con reciente experiencia laboral en el BID, Banco Interamericano de Desarrollo, con sede en Washington.

Alberto Fernández ingresa en la Universidad Camilo Jose Cela en Madrid, España, en septiembre pasado. / Foto César de Luca

Alberto Fernández ingresa en la Universidad Camilo Jose Cela en Madrid, España, en septiembre pasado. / Foto César de Luca

Pero Alberto ha definido, en estos últimos días del año 2019, no salir del país hasta que la situación económica argentina dé algún signo de que comienza a serenarse: «Hay que tranquilizar a la Argentina», repite tras cada decisión que baja a sus ministros y colaboradores.

Así lo dijo, en las últimas jornadas, tras promulgar la ley de Emergencia (o de “Solidaridad Social y Reactivación Productiva”), tras la reunión con la Mesa de Enlace (a la que calificó como «muy sincera y muy buena»), y luego de visitar el Santuario de San Cayetano, este 24 de diciembre, junto a su pareja, Fabiola Yáñez, su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero​, y su vocero y secretario de Comunicación, Juan Pablo Biondi.

Por eso, Fernández no irá a Chile en breve (a pesar de varios llamados de su par Piñera), medita sobre el tema Washington y no tiene en el radar el tradicional foro de Davos, cita a la que han concurrido varios presidentes argentinos hacia fines de enero en esa ciudad suiza.

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En tanto, el tema Brasil sigue turbio por las tensiones entre Alberto y Bolsonaro: el argentino confía en que el asunto lo pondrán en un lugar de sensatez la política de Estado de Itamaraty (nombre con el que se conoce al Ministerio de Relaciones Exteriores​ de Brasil) y las gestiones de Daniel Osvaldo Scioli, el flamante embajador argentino en Brasilia, un experto en elasticidad política y de un estoicismo zen.



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