María Eugenia Vidal vuelve de a poco, con política y un libro debajo del brazo

«Está bien no estar siempre en el poder, salirse y poder mirar las cosas de otra manera», asegura María Eugenia Vidal a sus colaboradores. La ex gobernadora fue volviendo de a poco al trabajo, después de un cuadro de Covid-19 que le dejó algunas sensaciones de alerta. El martes 8 de setiembre cumplió años, y fue la primera vez en mucho tiempo que salió a cenar con sus tres hijos.

Está dando clases en distintas universidades. En la Di Tella enseña políticas públicas con una metodología de casos; en la IADE, da clases de gestión, armado de equipos, administración y liderazgo. Acaba de cerrar con la Universidad de San Andrés, que sería un mix entre las dos anteriores. Y probablemente el año que viene desembarque en una universidad pública.

Mientras, termina su libro, que mantuvo ocupada durante los primeros seis meses del año. Todavía no tiene nombre. Sí está claro que no habla ni de los «logros» de su gestión ni llega a ser una autocrítica. En privado ha comentado a sus allegados que «pretende ser un libro de lo que aprendí más desde los errores que desde los aciertos». Una suerte de «lado b» de gobernar y de lo que significa hacerlo en la provincia de Buenos Aires, donde las limitaciones son permanentes y siempre hay que elegir a qué darle prioridad y qué postergar. «Es un libro en primera persona sobre lo que aprendí esos cuatro años en ese lugar», suele definir.

María Eugenia Vidal, ex Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires.
Fotos Emmanuel Fernandez

 

También es una forma de derribar mitos entre lo que se supone es gobernar el distrito que más ingresos genera en el país, y a la vez, donde el dinero nunca alcanza.

Paradójicamente, en una de las clases Vidal les propone un problema a resolver a sus alumnos. Les brinda todo lo que hay que hacer en materia de inversión y tecnología en la policía bonaerense, para contar con una policía de primer nivel. Se puede elegir darle mejor armamento, en centro de monitoreo y cámaras, cámaras en colectivos, GPS y patrulleros de última generación, chalecos, aumento salarial, todo. Después les da el presupuesto de la provincia, el global. Y cuánto disponen para la policía. Entonces les dice: «Ahora, elijan». Y ahí empieza lo complejo. “Es re difícil esto”, terminan diciéndole sus alumnos.

La ex gobernadora considera que el conflicto con la policía bonaerense es por falta de prevención, de ver venir el problema, tanto por parte de Axel Kicillof como del ministro de Seguridad, Sergio Berni. Por eso dicen que siempre recuerda cuando su ministro del área, Cristian Ritondo, que fue el único que duro en Seguridad cuatro años, un da le planteó que había horas de los policías cuyo valor era bajo. Era mucho dinero aumentarlas, al punto que el entonces ministro de Economía, Hernán Lacunza, pidió que esperara unos meses. Pero Ritondo insistió en resolverlo de inmediato y sacó una resolución con el aumento, que obligó a Vidal y Lacunza a conseguir el dinero. Lo que estaba viendo Ritondo en el horizonte era un inminente conflicto en las calles.

Cree que la situación de la provincia, y en especial del conurbano, no tendrá solución hasta que se aborde en serio. Si bien recuerda que cuando ella asumió en 2015 la provincia recibía 18 puntos de coparticipación federal que enseguida se transformaron en 23, resalta que el aporte bonaerense es de 37 puntos. Dicen que tanto a Mauricio Macri como a Kicillof les planteó lo mismo: «el conurbano no es un problema de la provincia de Buenos Aires, es un problema nacional». Una región donde viven 10 millones de personas y la mitad son pobres. «En la medida que no entiendan eso, que es nacional, no hay manera de encararlo».

Pero Vidal está cada vez más activa políticamente, muy cercana a Horacio Rodríguez Larreta. No sabe cuándo va a ser su momento, si el año que viene o en el 2023. Pero está convencida que el año que viene, año de elecciones legislativas, quienes encabecen las listas deberán ser «los que tienen más votos». Más allá del tono, si moderado o más duro. en un momento en el que no hay líderes y las mesas son redondas, sin cabecera.

En ese contexto, asegura que ni a la coalición gobernante, el frente de Todos, ni a Juntos por el Cambio, les conviene romper la unidad. Porque el que lo haga, terminará beneficiando al contrincante, ya que con 6 o 7 puntos se define un comicio.

¿Cómo lo ve a Horacio Rodríguez Larreta? «Es el agua que gotea sobre la roca», dice a menudo. Un dirigente que se ciñe a la estrategia. Y si la estrategia le da resultados, nadie lo corre de ese eje.

 

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