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En el marco de la crisis económica, el tema no ocupa los primeros lugares entre las prioridades del Gobierno, y hasta genera cierto prurito entre los principales colaboradores de Alberto Fernández; pero es una tarea ineludible. Al cabo, tiene que ver con la seguridad del Presidente. A poco más de dos semanas del recambio de autoridades, la Casa Rosada pidió un análisis detallado del estado de los aviones que componen la flota aérea presidencial para determinar si avanza con su reparación o renovación, o si por cuestiones económicas continúa alquilando aviones privados cada vez que el jefe de Estado encare una gira internacional.

El debut de Fernández en un avión de la flota presidencial no fue bueno: en el primer día de gestión, se subió al Tango 010, un Learjet con capacidad para 10 pasajeros; para estar en las juras de los gobernadores Gustavo Bordet (Entre Ríos) y Omar Perotti (Santa Fe). Cuentan quienes lo acompañaron que el Presidente llegó cubierto de transpiración y que el piloto se disculpó porque no andaba el aire acondicionado, una anécdota que quedó opacada por el reclamo público que el mandatario le hizo a Mauricio Macri debido al mal funcionamiento del sistema de refrigeración en su despacho.

Lo sorprendente es que el T-010, aquel que Cristina Kirchner como Presidenta utilizaba para asegurarse que los diarios le llegaran a Río Gallegos, no es un avión que haya entrado en desuso durante la gestión de Macri: el jefe del PRO solía usarlo para sus traslados al interior del país.

Desde aquel episodio, Alberto F. no volvió a viajar, pero el secretario General de Presidencia, Julio Vitobello; que tiene bajo su órbita el área, encomendó una profunda revisión de toda la flota para evaluar los pasos a seguir.

El Tango 01, que fue utilizado por última vez por Presidencia en diciembre de 2015, días antes que Cristina entregara el poder; es el caso emblemático de la falta de avances que hubo en el área. El T-01, pese a no volver a despegar de la base de El Palomar, logró sobrevivir al cartel de venta que le colgó la gestión macrista, que por el alto costo que implica su reparación -unos 25 millones de dólares, según fuentes del anterior oficialismo- hasta llegó a evaluar subastarlo como chatarra, dado que no encontró un comprador interesado.

La falta de ofertas tuvo que ver con la competencia que tiene en términos aeronáuticos el T-01, un Boeing 757-200 por el que el gobierno de Carlos Menem pagó unos 67 millones de dólares en 1992 pero cuyo valor de mercado hoy no supera los US$3 millones. “Fue desprogramado debido a sus altos costos operativos, la proximidad de las inspecciones de mantenimiento, su obsolescencia, corto alcance y poca autonomía de vuelo”, explicó Marcos Peña en 2017, en uno de los informes que dio como jefe de Gabinete al Congreso.

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Con todo, a fin de 2018, el gobierno de Macri analizó la posibilidad de que el T-01 volviera a servicio. Fue luego que, por la crisis económica y la súbita devaluación del peso, el ex Presidente desistiera de continuar con el proceso de compra de un Boeing Business Jet 737, una moderna aeronave con 20 butacas, que iba a demandar una inversión superior a los US$40 millones.

Así, además del Tango 010, y con los Tango 02 y 03, dos Fokker F28/4000 ya fuera de servicio, la otra aeronave en funciones de la flota presidencial usada durante el mandato de Macri es el T-04, un Boeing 737/500. Pero sirve sólo para vuelos regionales, ya que tiene una autonomía de apenas 4.444 kilómetros. Es decir, para viajes más largos de Alberto F., se vería obligada a hacer varias escalas.

En este contexto, especialistas del área le preparan un informe a Vitobello, para que luego Fernández tome una decisión.

En principio, como publicó el periodista Emiliano Russo en #BorderPeriodismo, Vitobello se encontró con una larga lista de servicios de vuelos privados alquilados por Presidencia durante el mandato de Macri. Son 27 vuelos nacionales e internacionales, sólo del Presidente, por el que el Estado pagó 5.037.919 dólares a empresas privadas durante el mandato. A esta cifra hay que sumarle los gastos que tuvo el Estado para cubrir los viajes en vuelos comerciales que hizo el mandatario -y las comitivas que lo acompañaron- al exterior.

Con una vicepresidenta con agenda activa como Cristina Kirchner hay quienes consideran que a mediano plazo, en cuanto a costos, es conveniente avanzar en la compra de una aeronave.

Durante el mandato de Macri, las quejas de la Casa Militar, con el apoyo de la por entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich; giraron en torno a las condiciones de vulnerabilidad a la que se exponía el Presidente al no contar con un avión propio.

Por el momento, en un contexto de crisis, el Gobierno no se apresurará para tomar una decisión. “Está todo en análisis. Es prematuro decir qué se va a hacer”, dijo un alto funcionario a Clarín. Por lo pronto, para el próximo viaje de Alberto, se recurrirá al alquiler de una aeronave.



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