Evo Morales regresó a Bolivia honrado por su pueblo…

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Desde Villazón y Uyuni, Bolivia

La llegada de Evo Morales a su país tuvo todos los elementos de una celebración, y como tal fue pensada: una gran cantidad de gente esperándolo, un colorido despliegue de globos, banderas, carteles, diversos espacios para recibir al homanejado, las calles con carteles o paredes pintadas, manifestaciones varias de cariño. Los bolivianos celebran la llegada de su líder tras un año de exilio, el fin del Golpe de Estado y la restitución de la democracia, tras la asunción de Luis Arce. Villazón, la ciudad fronteriza a La Quiaca, es pequeña pero allí hubo espacio para que Evo Morales hablara en dos actos diferentes, en ambos casos, ante una multitud. También en un concurrido almuerzo que se ofreció en su honor, y en el de Alvaro García Linera, en el Magisterio Rural Villazón, inaugurado durante su gobierno. Luego de la comida, ambos partieron rumbo a Uyuni, el siguiente punto de la caravana, seguidos por varios kilómetros de vehículos. 

La planificación original se vio alterada por algunos bloqueos organizados en la ruta por la oposición en la región de Tupiza, de modo que muchos de lo que lo esperaban al costado de la ruta desde la mañana temprano, se quedaron sin ver a Evo. Al cierre de esta edición, ya bien entrada la noche, Evo Morales aun estaba en viaje. Se esperaba que finalmente pudiera concretar el acto en Uyuni, donde desde temprano se congregó una gran cantidad de gente a esperarlo. 

 

Las postales que se vieron en la llegada de Morales a su país tuvieron una gran carga emotiva. Ya desde el lado argentino, la despedida que le dio el presidente Alberto Fernández, y las manifestaciones como el gigantesco cartel «VOLVIMOS» que colgaron cruzando el puente, marcaron el pulso de la jornada. Las cholas y los coyas, los bolivianos y bolivianas que se reunieron en Villazón buscaron ver, tocar, estar cerca «del Evito». El almuerzo también tuvo su fuerte carga simbólica: los que le dieron la bienvenida formalmente fueron los maestros rurales. Hay unos 70 mil en toda Bolivia, le cuenta a Página/12 Víctor Mamani, titular de la Confederación de Magisterios Rurales Bolivianos. Cuenta también que durante el gobierno de Añez el gremio sufrióuna gran persecución. 

Allí estaban reunidos también representantes de las distintas regiones, de los trabajadores mineros y petroleros, una delegación de ATE Capital que viajó junto a Daniel Catalano (Evo siempre agradece a ese gremio especialmente por el apoyo recibido durante su estadía en la Argentina).Comieron k’alapurca, hecho con harina de maíz, carne de cordero y ají, y otro plato prinmcipal de cordero con maíz. Evo tomó la palabra y agradeció «al pueblo boliviano por no haber bajado los brazos». No faltó la música y el baile. De allí, comenzó directo la caravana. 

En una ruta de montaña y en ascenso, pronto comenzaron a llegar las noticias de los bloqueos, pasadas de auto en auto. El medio Página Siete, uno de los que apoyó el golpe, informaba que «padres de familia instalaron puntos de bloqueo en demanda de un bono estudiantil». Los organizadores de la caravana aseguran que esos cortes de ruta estatégicos para perjudicar el paso de la caravana del expresidente fueron organizados por la oposición.

De modo que hubo que tomar diferentes atajos, algunos autos se desviaron por escarpados caminos de ripio, lugares solitarios que parecen sacados de otro tiempo. Hay cabras y llamas, cactus enormes, cerros de todos los colores, cada tanto alguna casita perdida, varias casas de adobe abandonadas que aparecen como mojones en el camino. E, increíblemente, en medio de esa casi soledad, cada tanto aparece alguna familia vivando «al Evo», con su banderita o su remera. O la leyenda inscripta en su propia casa: «Evo es nuestro presidente». 

Página/12 tardó más de siete horas en hacer el trayecto de 292 kilómetros entre Villazón y Uyuni, con todos los desvíos. En el camino iba apareciendo grupos de gente esperando a Evo, cholas con sus trajes típicos, campesinos y campesinas, niños y niñas, muchos con banderas del MAS. Al ver a la camioneta de prensa con la identificación presidencial, se acercaban a preguntar, o a reclamar: ¿pero dónde está el Evo? Lo estaban esperando desde la mañana temprano. En Atocha, directamente habían montado un escenario, con globos azules y blancos, sillas vestidas y todas las autoridades del pueblo esperando con la gente, para pedirle al expresidente que parara a hablar.  

«Por los bloqueos no pude ver al hermano Evo», lamentó charlando con Página/12 Estela Rodríguez, una de las muchas que esperaban al costado de la ruta. «Lo apoyamos, él va a sacar a Bolivia adelante. Yo soy campesina, y Evo le ha dado mucho al campo. Gracias a él tenemos agua potable. Este ultimo año ha sido fatal, tal vez no hemos tenido el pan del día, Añez nunca ha pensado por los pobres, ha pensado por los ricos. Pero gracias al hermano Evo vamos a seguir adelante», está segura.

Al cierre de esta edición, Evo Morales seguía en el camino. Antes de llegar a Uyuni, informó que quiere parar en Atocha a saludar, porque ya es de noche, hace frío, y la gente sigue «empecinada», esperándolo. El destino final es Chimoré, a donde piensa llegar vivo, dijo, y de donde salió, exactamente un año atrás, con su vida en peligro.

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