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Si alguien imaginativo de la política organizara el Partido de los Contribuyentes, para defender el gasto de cada peso tributado, tendría un piso electoral gravitante en la Provincia.

La reflexión, claro, viene desde afuera de la misma política porque son parte del Estado que consume esos impuestos. No obstante, cada año –según esos cientistas- hay una “simulación” representativa de esos intereses. En 2019 el peronismo advertía sobre el aumento de algunos impuestos bonaerenses, cercano al 50%. Y esta semana se invirtió la carga: la flamante oposición de Juntos por el Cambio empujó al primer fracaso de Axel Kicillof al rechazar la reforma impositiva.

Oportunismo político”, de acuerdo con la declaración del gobernador. La misma caracterización que un año antes realizaba María Eugenia Vidal​. Las dos puntas unidas en la realidad cambiante.

Esta vez, los intendentes de la coalición PRO, UCR y CC presionaron desde el Interior chacarero por el incremento en el Inmobiliario Rural. Pero también desde el norte-este del Gran Buenos Aires, donde Juntos por el Cambio tiene representación comunal, condicionaron el trámite por la suba en el Inmobiliario Urbano. Y el Senado, con mayoría opositora, detonó el proyecto del Ejecutivo.

En el fondo, la intransigencia de uno y otro lado marca la pulsión que excede la discusión de la Ley Fiscal. Revela cuánto poder es capaz de imponer Kicillof. Tanto como la revelación de la consistencia opositora. Esa rigidez tendrá consecuencias inmediatas. El oficialismo está dispuesto a revisar el contrato no escrito que determina la ocupación de espacios en los organismos de control, el Banco Provincia y empresas estatales a cargo de la sociedad entre macristas, radicales y los “lilitos”.

Juntos por el Cambio se quedaría a la intemperie. Fuera del estado que defiende. Kicillof ya se los adelantó a los intendentes peronistas que el jueves llegaron a la Gobernación. “Me están haciendo una oposición salvaje”, cuestionó.

Hizo algo más en la conferencia del viernes a la tarde. Explicó que había dos mesas de negociaciones: la de la Ley Fiscal, y la de los cargos que reclama Juntos por el Cambio. “No me voy a dejar extorsionar”, embistió contra esa presunta demanda apremiante. Otra vez, los rudimentos políticos, los intereses, detrás de la formalidad discursiva. En ese empastamiento Kicillof intenta saltar el sistema de contraprestaciones en el Parlamento, con los intendentes y con los espacios tradicionales de poder en Buenos Aires.

¿Puede descifrarse el silencio de los jefes comunales del PJ? ¿Por qué no salieron disparados al apoyo de su gobernador? «El cargo no hace al liderazgo», admitió uno de ellos a Clarín.

Por ese salteo de la negociación tradicional, Cambiemos se apuró a marcar la cancha. Kicillof reaccionó a su modo. Eligió adversario/a. «Mientras se discute la  ley, Vidal está en París”, objetó su sucesor. “Se fue de viaje y el ex jefe de Gabinete (Federico Salvai) tampoco está en la Provincia. Se está tratando de definir cómo funcionará la oposición», reflexionó ante los periodistas acreditados en Casa de Gobierno.

Un rato antes, la ministra de Gobierno, Teresa García, se había encargado de señalar ausencia: «No sabemos dónde está Vidal, salvo por lo que publican las revistas del corazón”.

También la vicegobernadora Verónica Magario metió más inquina. Es una estrategia dirigida. Abonada por una certeza. La oposición todavía no consolida el liderazgo de la ex gobernadora. Tampoco construye una orgánica institucional. Asomaron perfiles definidos de algunos dirigentes en estas negociaciones frustradas. Entre ellos Jorge Macri (Vicente López), postulante prematuro a la Gobernación 2023. Entre el miércoles y el viernes habló varias veces con el gobernador, vía telefónica.

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¿Los radicales están dispuestos a jugar la parada de encabezar la oposición? En octubre de 2020 finaliza el mandato de Daniel Salvador en la presidencia del Comité Provincia. Acaban de elegir al presidente del Foro de Intendentes partidarios. El jefe comunal de Trenque Lauquén, Miguel Fernández, fue el designado y procura posicionamiento. En dos años, el radicalismo tiene que construir un candidato propio que permita competir, en la interna, con Vidal, si la ex gobernadora decide presentarse en las legislativas de 2021.

La discusión de la Ley Fiscal, junto al Presupuesto 2020, en abril próximo, determinará quién está más cerca del Partido de los Contribuyentes. Los criterios de equidad, con preferencia de los sectores más rezagados de la sociedad, que propone Kicillof, o la defensa incondicional de los sectores medios que pregona la oposición.

El testeo será rápido. El Ejecutivo podría enviar el proyecto de Reforma Fiscal en enero. Previa convocatoria a sesiones extraordinarias. El giro está previsto por Mesa de Entrada de Diputados. No por el Senado. La insistencia por la Cámara Baja asegura la media sanción. Desde allí, el Ejecutivo estaría en condiciones de presionar a los senadores.

Eso en política se llama redoblar la apuesta. Una fórmula patentada por Cristina Kirchner y antes por Néstor, del cual Kicillof se considera discípulo.



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