El “respaldo” que Elisa Carrió esbozó a Alberto Fernández ante el supuesto «golpe (de Estado) de Cristina Kirchner» no cayó bien en la Casa Rosada. Lejos de sentirlo como un gesto hacia el Presidente, la acusación a la vice fue leído como un ataque que plantea una contradicción ante una eventual convocatoria al diálogo.

La desconfianza frente al apoyo de Lilita es sólo una muestra de las dudas que hay en el Gobierno frente a la reacción de la oposición al llamado al diálogo. En este contexto, el oficialismo espera «una señal» tras el mensaje de unidad que lanzó Fernández.

Todavía sin una hoja de ruta de temas para plantear, más allá de la referencia que hizo Cristina a resolver el problema del «bimonetarismo», en el Gobierno enmarcan el mensaje de acuerdo en una declaración de principios. “Tiene  que ver con insistir en el diálogo político y democrático como sostiene el Presidente desde diciembre», afirman. Y, si bien admiten charlas informales entre funcionarios y referentes de distintos sectores del arco político, reconocen que está lejos de encauzarse en una mesa multisectorial con la dirigencia política, similar al Consejo Económico y Social.

La “señal” que espera el Gobierno tiene que ver con el funcionamiento del Congreso. “La oposición debería dejar de obturar los debates allí”, sostienen en el entorno presidencial, en relación al rechazo de Juntos por el Cambio al tratamiento de la reforma judicial y otros proyectos que generaron controversia.

“Que sean responsables con la representación institucional que tienen en las cámaras en vez de bloquear sesiones y negarse a debatir. Tienen que arrancar por ahí, practicando el diálogo democrático”, agregan.

Exponen así los reparos sobre la postura opositora. “Ante las últimas convocatorias, la oposición se había mostrado reticente a venir”, recuerdan.

Con todo, en las últimas horas, y en el marco del debate parlamentario, hubo charlas entre el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa; el jefe de bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner; y el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro; con referentes de todos los bloques políticos.

También De Pedro intercambió llamados con gobernadores de Juntos por el Cambio. El ministro habló con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y los radicales Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes). Estos dos últimos aportaron legisladores a la aprobación del Presupuesto 2021, lo que fue visto como un gesto auspicioso por la Rosada. Pero que, conceden, no refleja el espíritu de todo el arco opositor.

La intención del Gobierno es reforzar el diálogo con “los opositores que gestionan”, intensificar el debate parlamentario, y limitar a “los que tuitean”. En otras palabras, por ahora no sobrevuela la posibilidad de contactos con Mauricio Macri ó el ala dura de Juntos por el Cambio que se encolumna detrás de la titular del PRO Patricia Bullrich.

En ese sentido, cerca de la vicepresidenta también desmintieron las versiones de una gestión para lograr un acercamiento con Macri.

La postura zigzagueante de Macri en su reaparición pública es un condimento que congela incluso a los dirigentes que más convencidos están de abrir un canal de diálogo: tomaron nota que en una primera entrevista sostuvo que iría a la Quinta de Olivos si lo convoca Fernández, pero que luego -y sin mediar una discusión- en otro reportaje, sostuvo que no habla más con el Presidente y lo acusó de inventar sobre el contenido de las conversaciones que mantenían. «Con este tipo de actitudes es muy difícil pensar en un acuerdo”, resumen en el Gobierno. 

La actitud de Carrió es un capítulo aparte para el Gobierno. El llamado que hizo a «fortalecer al Presidente» ante lo que consideró un ataque de Cristina, no tuvo una buena recepción cerca de Alberto. «Es tóxica. En el mismo momento que dice que hay que apoyar las instituciones, dice que le hacen un golpe a Alberto. No es creíble», aseguran en el círculo más íntimo del mandatario.

Con todo, el diálogo que Presidencia no se ocupa de difundir pero que, como reveló el periodista Pablo de León en Clarín, se da desde hace semanas es el de Fernández con sectores del empresariado. Es un trabajo silencioso al que, según la visión de la Casa Rosada, apuntó Cristina en su carta. “Cuando ustedes leen un reproche de ella, en realidad tienen que ver que lo respalda internamente: en este momento hay que hablar con algunos que, si se filtra, son sapos difíciles de tragar», es la particular mirada de un hombre que dialoga con Alberto con la misma frecuencia que con Cristina.

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