Un Papa presencial, el diván de Cristina Kirchner y Sergio Massa hace cuentas en el Congreso

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Condenó el Papa los debates virtuales como los que defiende el Gobierno

El Papa nunca deja de pensar en la Argentina. Se acordó, y mal, de sus mejores amigos de por acá. En la encíclica Fratelli Tutti que se ha conocido en estas horas, parece pedir pista en el debate criollo sobre la política virtual y remota vs. la política presencial, que libran el peronismo gobernante y la oposición en el Congreso. Francisco firmó en la mañana del sábado el texto de la encíclica. Lo hizo en Asís, en donde celebró una misa a solas. Será publicada el domingo después del Ángelus. También este domingo estará a la venta en todo el mundo la versión impresa y digital. El lunes la presentará en Buenos Aires la mesa de la conferencia episcopal que preside monseñor Oscar Ojea. En tres párrafos claves de esa encíclica, el Papa condena la virtualidad y reclama presencialidad, con una claridad excepcional.

Pertenecen al capítulo “La ilusión de la comunicación”. El párrafo 43 -el más importante- dice: “Los movimientos digitales de odio y destrucción no constituyen -como algunos pretenden hacer creer- una forma adecuada de cuidado grupal, sino meras asociaciones contra un enemigo. En cambio, los ‘medios de comunicación digitales pueden exponer al riesgo de dependencia, de aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas’. Hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana. Las relaciones digitales, que eximen del laborioso cultivo de una amistad, de una reciprocidad estable, e incluso de un consenso que madura con el tiempo, tienen apariencia de sociabilidad. No construyen verdaderamente un ‘nosotros’ sino que suelen disimular y amplificar el mismo individualismo que se expresa en la xenofobia y en el desprecio de los débiles. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad.”

Un obstáculo a la confrontación de las diferencias

El párrafo 45 agrega: “…No cabe ignorar que ‘en el mundo digital están en juego ingentes intereses económicos, capaces de realizar formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de manipulación de las conciencias y del proceso democrático. El funcionamiento de muchas plataformas a menudo acaba por favorecer el encuentro entre personas que piensan del mismo modo, obstaculizando la confrontación entre las diferencias. Estos circuitos cerrados facilitan la difusión de informaciones y noticias falsas, fomentando prejuicios y odios».

El párrafo 49 remata: «Al desaparecer el silencio y la escucha, convirtiendo todo en tecleos y mensajes rápidos y ansiosos, se pone en riesgo esta estructura básica de una sabia comunicación humana. Se crea un nuevo estilo de vida donde uno construye lo que quiere tener delante, excluyendo todo aquello que no se pueda controlar o conocer superficial e instantáneamente. Esta dinámica, por su lógica intrínseca, impide la reflexión serena que podría llevarnos a una sabiduría común”.

El intento del poder de recuperar control en un mundo sin control

Esta condena al uso de las armas digitales para el control y la manipulación aporta nuevas perspectivas para el debate en la Argentina. Como en otros países, los gobiernos se aferran a las normas de control de la salud pública, como un atajo para recuperar el poder perdido, o nunca alcanzado. Lo prueba la intransigencia del oficialismo del Congreso a ceder a formatos presenciales o mixtos como los que usan las legislaturas de todos los países. Acá la presencialidad está vedada en el Senado, salvo a autoridades de la cámara y según un protocolo cuestionado por la oposición. Eso amenaza la legitimidad de las leyes que aprueban así, que serán judicializadas.

Las palabras de Francisco contradicen argumentos del Gobierno, que apura reformas al amparo de la imperfección de estos sistemas, que impiden el debate y la dialéctica, y limitan la capacidad de consenso. Las autoridades dan y quitan la palabra cuando creen oportuno, llegan al extremo de autorizar el uso de la palabra según el tema del cual hable cada legislador. Los sistemas que se usan fuerzan a sesiones acortadas, y se limita la duración de los discursos, y aun de las sesiones.

En consonancia con el pensamiento que expresa el Papa, otros expertos han sostenido que la dictadura digital es un camino de autoritarismo nefasto. No es una invitación al paraíso, sino un ingreso al infierno. Es la puerta de ingreso al capitalismo de la vigilancia, un movimiento que “busca imponer un nuevo orden colectivo basado en la certeza total”, que “expropia los derechos humanos críticos”, “usurpa la soberanía popular” y representa una “amenaza a la naturaleza humana en el siglo XXI como fue la del capitalismo industrial sobre el mundo natural en los siglos XIX y XX” (palabras de la especialista en negocios Shoshana Zuboff, de la universidad de Harvard, en su libro “The Age of Surveillance Capitalism”, Profile Books, 2019.)

Un semiólogo natural

En Buenos Aires y en el Vaticano dirán que esas palabras de Francisco no están dirigidas a Cristina, José Mayans u Oscar Parrilli. Forma parte de las reglas del juego, pero es una desautorización de un sistema por parte de una voz más que autorizada, y en quien busca referenciarse el gobierno. Este domingo, “Tucho” Fernández, el vocero más calificado del Papa, tomó distanciamiento social para amortiguar las repercusiones locales. “Podríamos pensar -dijo en dos comentarios que publicó de la encíclica- que habla para la Argentina, por ejemplo, cuando critica tanto los defectos de las visiones populistas como de las posturas liberales. Pero otra vez olvidaríamos que Francisco recibe constantemente informes de todas partes del mundo, aun de lugares remotísimos para nosotros, pero que para él son igualmente importantes”.

Calificado comentario del arzobispo de La Plata, que puede haber ha sido uno de los redactores de Fratelli Tutti, como de otros escritos liminares de Francisco. Cuando el Papa pide colaboración a alguien eso se hace con absoluta reserva. Bergoglio se pone a la vanguardia del pensamiento (el coreano Byung-Chul Han, la citada Zuboff). Al mismo tiempo, como hombre de Iglesia, el papa Bergoglio es conservador y antimoderno. Pero actúa como un prestidigitador en el uso de los medios digitales. Los conoce y los usa como pocos, habilísimo. Es un semiólogo natural. Sabe de lo que habla. Eso potencia el valor de su opinión en este punto. que sintetiza su pensamiento político en alguien que nunca le escapó a la política. Profunda y hasta con finezas eruditas (Virgilio, leído por Borges), esta encíclica va a quedar como su Rerum Novarum o su Populorum. Me parece más inspirada que Laudato Si, que pareció más novedosa pero que es más convencional. Éste es muy personal e ilumina zonas oscuras que nadie advierte o asume. No falta nada. Es su Manifiesto.

El Senado esta semana a la justicia por protocolos remotos

El oficialismo del Congreso ha impuesto la virtualidad de los debates como sistema. En el Senado hubo duros cruces en la sesión del viernes, por el rechazo de la presidencia que ejerce Cristina de Kirchner a permitir la presencia de los senadores en el recinto, como reclama la oposición. En Diputados, donde la relación de fuerzas es más pareja, la presidencia de Sergio Massa ha flexibilizado esa rigidez en un protocolo para sesiones mixtas, pero amenaza con sumarse a la virtualidad del Senado. Para la oposición, estos sistemas niegan la posibilidad de debate en el Congreso, y permiten abusos por parte del oficialismo en el trato a las minorías.

En términos más llanos, el ex presidente Ramón Puerta ha dicho que “la política, como el amor, es presencial, no virtual”. En numerosos debates, el jefe opositor Mario Negri ha reclamado que el Gobierno haga política “face to face”. En la sesión del viernes, el radical Luis Naidenoff invocó los fueros legislativos para rechazar la virtualidad forzada: “Quiero recordarles a los senadores –dijo– que en 1890 en el fallo ‘Leandro N. Alem’, la Corte Suprema de Justicia sostuvo (en relación a la detención del senador Alem, que le impedía concurrir a las sesiones de la Cámara cuando la República estaba en estado de sitio) que ‘no se puede impedir, ni siquiera en estado de sitio, la presencia de los senadores en el recinto'». Esta semana van de nuevo a la justicia con este argumento.

Para el diván: Cristina decide todo

Le respondió José Mayans, que atribuyó la decisión a Cristina de Kirchner: “Al principio, nos hicieron saber que querían solamente un representante. Perfecto, que venga un representante. Hablamos con la vicepresidenta, y me dijo: ‘Bueno, perfecto. Si es uno, no hay problema’. Entonces, les digo ‘Miren, no va a haber ningún problema en que sea uno’. Después, me dijeron luego de que se reunieron: ‘No, uno no; dos tienen que ser, estamos en desacuerdo con que sea uno’. Ahora nos dijeron que sean dos. Volvemos a hablar con la vicepresidenta. ‘Miren, no quieren que sea uno, quieren que sean dos’. ‘Perfecto, dos’. Después, cuando eran dos, dijeron: ‘No, tiene que ser rotativo’. ‘¿Cómo que rotativo?’ ‘Que vayan entrando. O sea, si vienen diez senadores a la casa, entra uno, sale otro. Seamos claros.’ Esto, sin cumplir ni siquiera las reglas y sin saber si están hisopados o no están hisopados, si tienen la enfermedad, si no tienen la enfermedad. Esto ya llevó una discusión más profunda todavía, porque hubo que consultar con profesionales. ‘Bueno, perfecto’ ”. Describió todo el circuito de la discrecionalidad de la decisión. Como si quisiera despegarse y concentrar toda la responsabilidad en Cristina. Para el diván.

Terapia de Vidas Pasadas: volver al 2008

La incertidumbre, como los sueños de la razón, genera monstruos. Institucionales, en un país como la Argentina que camina por un desfiladero amenazante. De un lado, el bicho maldito -el virus- del otro, la crisis económica. Ese estado de conciencia habilita conversaciones sobre cambios de elencos, con funcionarios que salen de la casa de Gobierno. Alguno ya lo adelantó este diario, como la exaltación de Sergio Massa al viejo cargo de jefe de gabinete, en el que sucedió a Alberto en julio de 2008, después de la derrota cristinista en la guerra con el campo.

Parece un tratamiento de Terapia de Vidas Pasadas, una de las mancias muy en uso por los políticos, una especie muy cabulera y supersticiosa. Cristina parece encadenada a ese pasado. En las sesiones del Senado se enardece con algunos opositores -imaginemos, por decir, un Martín Lousteau– y masculla: «Este chico no aprende más, con decir que estuvo a punto de hacerme poner el gobierno de sombrero con la 125».

Massa en su sano juicio (por ahora)

Massa, por cierto, despeja esas tramas. Nadie en su sano juicio dejaría un cargo electivo y la presidencia de Diputados por una designación a tiro de decreto. Hoy está en la línea de sucesión y firma billetes del Bancal Central -una de las pruebas del procerato criollo. Como jefe de Gabinete puede durar menos que un pelado en la nieve- como se dice en Mendoza. Ha accedido a conversar del tema con empresarios y algunos amigos de la línea generacional, no todos del peronismo, porque entre ellos hay muchos que están en la oposición. Despacha la consulta con argumentos técnicos: todo o nada, un jefe de Gabinete con manejo de la economía, por lo menos (sonríe, Redrado te ama).

Se afirma en una realidad, que puede mover figuras y convocar hasta a opositores, como un Roberto Lavagna. Prefiere por ahora recostarse en el paraguas legislativo y mantener distancia, con un Gabinete bajo fuego del cristinismo. Hay pesos específicos en esta pulseada. Primero, el planeta Massa es infinito; el planeta Cristina y el planeta Alberto son finitos, limitados, existen porque recortan. Tienen la circunferencia del alambrado que los limita. No sale nadie, pero tampoco entra nadie. Segundo y más importante: «Plan beats no plan». Un plan le gana a un no plan, como decía Tim Geithner, secretario del Tesoro de Omaba y mago de la salida de la crisis de 2008.

Eso en el caso de Sergio tenga un plan, claro. Ya que estamos bergoglianos, para sacar lección vale mirar esta crisis desde los cuatro postulados que, se dice, guían sus estrategias: -el tiempo es superior al espacio; -la unidad prevalece sobre el conflicto; -la realidad es más importante que la idea; -el todo es superior a la parte. Para la hermenéutica de Massa, que forma a una especie que mezcla el espíritu de aventura con la inestabilidad de los explosivos que, cada tanto, se auto detonan.

Que vengan a pedir acá, no a Olivos

Lo que se escucha en esos pasillos del Senado o del Patria son críticas que celebrarían los opositores en un día de fiesta. Sergio sabe de eso, y cree que su poder está en mantenerse en Diputados. Si se fuera al Ejecutivo, ¿cuánto duraría un bloque peronista unido bajo el control de Leopoldo Moreau -el legislador más preparado de esa bancada- y el siempre vigilante hijo Máximo? En un par de meses no faltaría un disidente que fragmentase el bloque, como ocurrió en 2015-2019. Dinamita bajo los propios puentes, que quebraría el sector más fuerte de la trifecta gobernante -Cristina sin 2/3 en el Senado y Alberto solo en Olivos-.

La crispación de los escenarios apocalípticos se alimenta de la ausencia de perspectivas de futuro. Como en la economía, en la política los activos valen más por el precio futuro que el actual. La línea hoy es refugiarse en la actitud de Cristina, que es calificar al Ejecutivo con la nota más baja. Esta semana el Senado recibe a Santiago Cafiero en una peregrinación de examen. Sabe que Cristina, como Massa, se han planteado una estrategia de reformar el poder del Congreso frente al Ejecutivo. Ella descalifica las mesas del Presidente con empresarios y sindicalistas. Espera que se den cuenta de que no hay que ir a pedirles nada a los ministros: que vengan a pedir acá.

Lo mostró cuando empujó para que el viernes el Senado aprobase, con cambios, el proyecto de Economía del Conocimiento. Era un acuerdo entre Matías Kulfas y Diputados, incluyendo a los opositores, que salió con buena mayoría de votos. El Senado lo pulverizó con el reproche de que es un envión a los tiburones del negocio informático, y que podía beneficiar a medios y petroleras. Vuelve a Diputados como un desaire, en realidad, al Ejecutivo. Kulfas es un peón de Alberto. En esa sesión Oscar Parrilli se anotó con una de las citas más resbaladizas de la política canalla, que le atribuyó a Néstor Kirchner: «Él decía -recordó con ternura-: ‘Desconfianza más desconfianza igual seguridad’”.

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