Desde Caracas

Un grupo armado asaltó una unidad militar al sur de Venezuela, en el estado Bolívar, frontera con Brasil. La acción sucedió en la madrugada del domingo, fue difundida a través de las redes sociales en el transcurso de la mañana, y confirmada por el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López en horas de la tarde.

El ministro atribuyó el hecho a “sectores extremistas de la oposición” que durante el ataque sustrajeron un lote de armas que fue recuperado cuando seis de los asaltantes fueron detenidos. “En este momento los detenidos están aportando información de interés criminalístico y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y demás organismos de seguridad del Estado están activados en persecución de los terroristas”.

Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, dio a conocer que los “criminales fueron entrenados en campamentos paramilitares plenamente identificados en Colombia y recibieron la colaboración artera del gobierno de Jair Bolsonaro”. Del ataque resultó fallecido un efectivo de la tropa del ejército bolivariano.

La operación realizada en el sur del país forma parte de un repertorio de acciones similares que sectores de la derecha han llevado adelante en los últimos años. Uno de los casos similares fue, por ejemplo, el asalto al Fuerte Paramacay, en la madrugada del domingo 6 de agosto del 2017, donde también fue sustraído parte del parque de armas.

El hecho de este 22 de diciembre sucedió una semana después de que Rodríguez denunciara haber capturado a una parte de un grupo que planificaba el asalto a dos cuarteles en el estado Sucre, zona oriental del país, para el 15 de diciembre. El presidente Nicolás Maduro atribuyó a Juan Guaidó y Leopoldo López la responsabilidad intelectual de ese intento.

Lo ocurrido resulta entonces sorpresivo a la vez que esperable, en un escenario donde una parte de las acciones que buscan derrocar al gobierno de Nicolás Maduro se dan a través de operaciones militares. Se trata de una estrategia reivindicada públicamente por sectores de la derecha, como, por ejemplo, la dirigente María Corina Machado.

El asalto en el estado Bolívar, una zona de gran conflictividad por su carácter minero, sucede dentro de un final de diciembre marcado por las disputas internas de la derecha en vistas de que el 5 de enero deberá asumir el nuevo presidente de la Asamblea Nacional (AN) que es a quien Estados Unidos (EEUU) y sus aliados reconocen como presidente encargado.

Se trata de un hecho central tanto dentro de Venezuela como a escala internacional: en caso de no resultar electo Guaidó, EEUU correría el riesgo de no contar con una presidencia de la AN alineada a su estrategia.

Esa posibilidad de retroceso se podría unir a de una elección legislativa que tendrá lugar en el 2020, donde la derecha, que iría dividida -un sector importante no participaría- podría dar lugar a una mayoría en la AN compuesta entre el chavismo y un sector de la oposición que se ha opuesto tanto al bloqueo económico como al llamado a las acciones violentas sean nacionales o internacionales.

Son días de definiciones que pueden cambiar el mapa de correlación de fuerzas. Venezuela llega a fin de año con el chavismo en el gobierno, algo que muchos analistas y políticos juraban que no sucedería. La posibilidad de retroceso de algunos sectores de la derecha y de EEUU puede empujar el desencadenamiento de acciones como las del domingo en la madrugada.



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