Marketing negativo – Olé

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Supone una poco efectiva estrategia de marketing que el conflicto orbite permanente a San Lorenzo, casi como un fiel satélite natural. Imaginar éxito en estas condiciones erosiona un ciclo -el de Mariano Soso- que ni siquiera tuvo oportunidad de estrenarse producto del escenario de pandemia.

Cada Romero-gate protagonizado por la -digamos- díscola pareja de hermanos no hace más que profundizar el déficit de confiabilidad. En ese sentido, ofrece tan pocas garantías de éxito el hecho de que un talento importado con excesiva pompa fracture a un compañero ante un supuesto brote de enojo como que un referente exprese su pesar por un -y cito- “miserable obstáculo”, término con doble lectura que azuza el fuego hacia afuera y que, lejos de armonizar, ventila disimulada pero enfáticamente las divisiones, potenciadas por voceros que se involucran (in)oportunamente y favorecen la combustión interna.

Con la incertidumbre a las que nos ha acostumbrado el fútbol argentino made in pandemia, lo que se suponía un tiempo ganado de trabajo grupal parece estar destinado a resquebrajar todavía más la estética de grupo armónico que se ofrecen a través de postales tuiteras. Urge, en cualquier caso, que alguna voz oficial siente postura. Y que ofrezca verdades. Porque algo pasa: pensar que los hinchas/socios olvidarán el vodevil sólo por el perpetuo silencio es un razonamiento cortoplacista.

Poco ayuda el clima de tensión para que Soso pueda darle forma a un equipo.

Poco ayuda el clima de tensión para que Soso pueda darle forma a un equipo.

¿Acaso se puede pensar en pelear un campeonato cuando desde el vestuario y en modo anónimo siguen deslizándose reclamos por excesos de privilegios? ¿Cuántas posibilidades hay de que no impacte en el juego? ¿Se puede trabajar en paz cuando existen actitudes que molestan, como berrinches por no permitirle a un familiar, ajeno al plantel, presenciar un entrenamiento desde un banco de suplentes? Lo que se imaginó hace algunos meses como un límite cruzado -el plantón a Diego Monarriz en Córdoba, por ejemplo- ahora no sólo hace más que anabolizar el contexto de tensión.

San Lorenzo no está bien. O al menos eso parece. Y eso preocupa. Porque serán ya tres años sin aspiraciones a algo. Dos de ellos, transitando una insípida pero tranquila mediocridad. Que a esa sensación de insustancialidad, por demás incómoda, ajena a la historia, se le sume el conflicto pues no invita a imaginar un éxito venidero. Todo lo contrario. El sentimiento es totalmente opuesto. En cualquier caso, la estrategia de marketing para promover confiabilidad no estaría funcionando: son los propios protagonistas, de indudable capacidad técnica (sería de obtuso discutirlos), los que parecen conspirar contra ella.

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