Intelectuales críticos del Gobierno desconfían del combate oficial contra los «discursos del odio»

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Un grupo de intelectuales críticos del Gobierno nacional salieron a mostrar su desconfianza en torno a la iniciativa oficial contra los «discursos de odio», mientras avanzan propuestas para garantizar la impunidad de Cristina Kirchner y sectores oficiales asocian con el nazismo a la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña.

La presidenta del Club Político Argentino, Graciela Fernández Meijide, señaló que «es una estrategia típica del populismo crear un enemigo, para odiarlo. Por ejemplo, conectar a una niña con Priebke es algo insólito», dijo respecto al escándalo que se generó por la tapa dominical del diario oficialista Página/12. Y se preguntó: «¿Cuál es el costo que está teniendo que no se sienten el oficialismo y la oposición para discutir temas importantes?».  

Meijide destacó que en algunos momentos de su vida llegó a odiar a los que «mataron a Pablito», su hijo desaparecido por la dictadura militar. «Pero yo no les puedo devolver con la misma moneda. Junté todos los testimonios que pude para conseguir Justicia y repensar lo que había pasado en los años ’60 y ’70, del desprecio por la democracia y los derechos humanos», aseguró a Clarín.

Es que si bien el Gobierno se muestra preocupado por los «discursos de odio» y acusa a la oposición de estigmatizar a sectores sociales y políticos, se trata de un «relato» que busca «cementar» a los diversos grupos internos que forman parte del Frente de Todos, según el investigador y sociólogo Marcos Novaro. 

«Les sirve para el consumo interno. Están haciendo una operación de reconciliación, de pacificación, del kirchnerismo con el peronismo. Es una cosa que funciona entre ellos», dijo Novaro a Clarín. Y agregó que «el cemento de esa reconciliación es esta idea de que no tienen que dividirse, ‘los que generan las divisiones son traidores y sirven a los que quieren perjudicarnos’, sostienen; aunque si la lucha política se pone intensa pueden ilustrar a sus propios votantes como víctimas del odio, como cuando se van de boca Soledad Acuña o Fernando Iglesias».

«¿Qué hacemos con los discursos de odio?», fue el tema central de la Jornada organizada el sábado pasado por el grupo de intelectuales albertista Agenda Argentina. Allí debatieron durante más de cinco horas decenas de intelectuales y funcionarios. Santiago Cafiero, jefe de Gabinete, sostuvo que «el discurso de odio busca anular al otro». Y añadió que estos discursos «son violentos hacia las mayorías, como el peronismo y los feminismos».

En cambio, la filósofa Diana Cohen Agrest planteó a Clarín que «un debate sobre el odio, en nuestro contexto, es una propuesta sarcástica. Porque dicho debate, examinado desde el lugar de la enunciación, pretende darse en un estado de inocencia preadámica, cuando el odio es alentado desde los distintos espacios de poder. Porque vivimos en una sociedad atravesada por la arbitrariedad y el desprecio del otro, donde se abusa de la impotencia de una ciudadanía que ve burlados sus derechos. Cuando, lejos del pluralismo que fundó nuestra república, se pretende adoctrinar o sumir al otro en la ignorancia», dijo Cohen Agrest.

«¿Qué vamos a sentir, cuando somos burlados, institucional y orgánicamente, por un poder ejecutivo, legislativo y judicial que es cómplice de los delitos más aberrantes? En lo que me toca personalmente, en el año 2011, la misma política penal que hoy se continúa impulsando mató a mi hijo de 26 años. Y hablo en nombre de todas las madres, hijos y hermanos que, en el día a día, pierden violentamente a un ser querido. Si con la excusa de la pandemia, son liberados 5, 6 ó 7 mil presos (nadie lo sabrá), los mismos que mataron a los nuestros, ¿qué podemos sentir? Sentimos que en lugar de un Estado que nos cuida, somos revictimizados por la indiferencia y la negación», concluyó Cohen Agrest.

Durante la Jornada de Agenda Abierta, además de Cafiero, también expusieron la ministra de Seguridad, Sabina Frederic; la directora de Asuntos Jurídicos del Senado, Graciana Peñafort; el asesor presidencial Alejandro Grimson; y la titular del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), Victoria Donda, entre otros, sin que se escucharan autocríticas.

Incluso una de las funcionarias del INADI, Ornella Infante, expuso con dos cuadros de Montoneros detrás suyo, sin que a ninguno de los expositores o moderadores le llamara la atención esa iconografía que, en la historia argentina, hizo del odio al adversario político la principal razón de su existencia.

Ornella Infante, directora nacional de Políticas y Prácticas contra la Discriminación del INADI, durante su presentación en la Jornada de Agenda Argentina.

Ornella Infante, directora nacional de Políticas y Prácticas contra la Discriminación del INADI, durante su presentación en la Jornada de Agenda Argentina.

Contra los discursos de odio, con fondo de Montoneros

Durante la Jornada de Agenda Argentina hubo un hecho que llamó la atención. Y fue que una funcionaria del Gobierno nacional expuso sobre un tema de su área, con dos cuadros de Montoneros detrás suyo. 

Ornella Infante, directora nacional de Políticas y Prácticas contra la Discriminación del INADI y responsable nacional del Frente por la Igualdad del Movimiento Evita, expuso sobre «El odio a las mujeres, lesbianas, travestis y trans», desde su pertenencia al colectivo trans.

Durante su discurso, Infante también cuestionó los «discursos de odio y estigmatizantes hacia los pueblos originarios, que cuando recuperan un territorio los demonizan y los estigmatizan como usurpadores de tierras, siendo que nuestra Constitución reconoce a los pueblos originarios como pueblos preexistentes».

Una vez que terminó su presentación, ninguno de los que participó ahí se mostró sorprendido por la escenografía que había montado la funcionaria para su presentación, pese a que era una mesa que compartía con Adriana Carrasco y Melisa D’Oro, donde había dos moderadoras y también otros tres presentadores en esa mesa de discusión.

«Movimiento Montonero» decía uno, con la imagen de Evita; y el otro era la tapa de una revista montonera, El Descamisado, con una estrella roja gigante de ocho puntas.

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