Hijos de la grieta: qué piensan de la política los militantes sub-21

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Llegaron a la política a través de una amiga, un familiar, una lectura, o simplemente porque les gustan los desafíos. Nacieron en una Argentina sacudida por la crisis económica y, al alcanzar la mayoría de edad, son testigos de los inicios de otra recesión. Dicen que son capaces de identificar una buena idea, no importa de donde venga. Celeste, Dylan, Fernando, Santiago, Tatiana y Tomás son parte de una generación atravesada por la grieta y, sin embargo, son capaces de reunirse en plena pandemia en la plaza Naciones Unidas, a pasos de la Facultad de Derecho, para intercambiar, discutir, y acordar sobre los temas que los mueven.

La política es para todos ellos una herramienta para transformar la realidad y construir un futuro con iguales oportunidades. Así lo plantea Fernando Torres (18) de Despertar (el partido de José Luis Espert): “La política es todo, es la que decide el rumbo de nuestro país. No hay que menospreciarla”. Tomás Sirito (17), que está dando sus primeros pasos en la militancia, aporta: “Tenemos que estar involucrados en las decisiones porque esto es lo que nos van a dejar a nosotros. Tenemos que meternos”. A principios de año Tomás se sumó al espacio Unidos (Uni2), que está en etapa de formación. Parte de su trabajo es organizar nuevas afiliaciones para conseguir la personería del partido.

Diálogo, en Palermo. De distintos partidos políticos y visiones, pero juntos. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Diálogo, en Palermo. De distintos partidos políticos y visiones, pero juntos. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Otra coincidencia aparece en el uso de las redes sociales: como nativos digitales, el mundo online forma una parte constitutiva de sus vidas. Les permiten −cuentan− masificar sus mensajes y hacer atractiva la participación para otros jóvenes. Pero tampoco desconocen la importancia de la calle como escenario de debate y militancia. Dylan Sauco (19), que forma parte del Movimiento Evita, lo dice así: “El territorio es irremplazable, ya sea la universidad, el secundario o el barrio”. Dylan recorre la zona de Moreno organizando y participando de limpiezas comunitarias y comedores.

Con la autoridad que le otorga su experiencia en las últimas elecciones, cuando le tocó repartir boletas en las esquinas de la Ciudad, Santiago Riveros (17), del PRO, coincide en la importancia de lo presencial. Tatiana Fernández (19), que milita en la Unión de Juventudes por el Socialismo, es determinante: “La fuerza está en la calle. Es ahí donde vamos a conquistar nuestros reclamos”.

Educación: consensos y disensos

La educación es uno de los temas que los desvelan. Además de la baja inversión presupuestaria, consideran que las currículas deben ser actualizadas, especialmente, en lo que se refiere a la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI). Para ellos, los alumnos tienen claro el enfoque: una educación sexual que sea laica, científica y respetuosa de las diversidades sexuales. El intercambio sobre la ESI dispara la discusión sobre el aborto. Y si bien todos coinciden en la importancia de dar el debate, aparecen matices. “Estoy a favor de la despenalización del aborto”, dice Tomás, y aclara que dentro de su partido la tendencia es la contraria. Lo resalta como un valor de pluralidad. Pero Celeste Villalba (21), de Franja Morada, proponen ir más allá y hablar de legalización. Y se detiene en la explicación: “Aún si no estuviera penalizado, nadie nos garantiza un aborto seguro, legal y gratuito”. Tatiana apoya su comentario con un movimiento de cabeza.

La discusión sobre la educación los encuentra divididos a la hora de intercambiar sobre la forma que adquiere la práctica militante. Para Tatiana, “Si hablamos de que necesitamos inversión en educación, tenemos que hablar de los salarios docentes que son miserables hace décadas. Santiago, en cambio, se diferencia respecto de la forma de reclamo. “Privar a los estudiantes de la educación no me parece”, señala en relación a los paros docentes. Para Celeste, sin embargo, la protesta es un derecho constitucional: “Hay que llegar al extremo, por así decirlo, para que de una vez por todas los reclamos sean escuchados”.

Una ética ambiental

Un halo de frustración aparece en los rostros, y en las palabras, al debatir los temas ambientales. “Creo que es una política en la que todos tenemos que estar pensando, porque es una realidad que nuestro mundo está por acabarse”, dice Dylan, drástico. Tatiana aporta lo suyo: “En los últimos años, todos los gobiernos pusieron como prioridad las ganancias por sobre la explotación medioambiental”. Cita lo sucedido con los incendios en Córdoba, y pone la mira en la minería. Para ella hoy la discusión económica gira en torno a la explotación de Vaca Muerta y la baja de retenciones a la actividad minera, pero no en los daños ambientales que las actividades extractivas generan en el ecosistema.

Dylan menciona que la agenda ambiental se ve afectada por “un montón de intereses que van de por medio”, y se pregunta en voz alta: “¿Por qué se produce más de lo que necesita todo el mundo? ¿Por qué vivimos todos hacinados, siendo que hay millones de hectáreas en Argentina?”. Como quien aplica un bálsamo sobre una herida que sangra profusamente, Santiago contrarresta reafirmando sus convicciones partidarias: “Una de las cosas que más valoro de la gestión anterior es el Plan Renovar, todo el impulso y la inversión que hubo en las energías renovables los últimos cuatro años”. Y ahí es donde aparece uno de los por qué de su aterrizaje en política: “Es uno de los aspectos por los cuales me sumé”.

Todos estuvieron de acuerdo en la necesidad de una mayor inversión en energías renovables, haciendo hincapié en “verdaderas políticas de estado que incentiven el ecologismo”. Celeste apunta a la mirada propia: cuenta que dentro de la Franja Morada se está digitalizando todo aquello que sea posible para evitar generar residuos. No todas son apelaciones a los grandes consensos: esta generación también pone el énfasis en el comportamiento individual. Aparece, entonces, una suerte de ética personal y militante: un cuestionarse a sí mismo para poder hablar -entonces sí- de los demás.

La mirada en la seguridad

El asesinato de Facundo Castro los impactó. “Tocó una fibra muy fuerte de la juventud”, explica Tatiana, que denuncia una radicalización de la represión y de la policía. Los casos de abuso policial por parte de la Policía Bonaerense los interpelan.»La violencia de los cuerpos de seguridad hacia los más vulnerables y el encubrimiento de este tipo de hechos -sostiene Tatiana-, deberían llevar a repensar y cuestionar el rol de la policía”. Y señala al ministro de Seguridad, Sergio Berni, porque tiene “la responsabilidad política».

“Como militante de una organización peronista, el límite es éste. Tenemos que respetar los derechos humanos”, opina Dylan en relación al caso Facundo Castro. Y subraya la importancia de “construir un nuevo sentido de la seguridad, más democrática, con control comunitario de los vecinos”. Para Fernando es necesario introducir cambios en el sistema de Justicia y en el salario de la policía: “Repudio lo que hicieron en la Quinta de Olivos porque es un atentado a la democracia, pero hay que ver también las condiciones en las que ellos están trabajando y cambiar eso”. Santiago resalta que la policía debería ocupar otro lugar en la sociedad, lejos de los estigmas: “Necesitamos una policía bien formada, con una formación integral, bien, más inversión, mejores salarios”.

Proyectando el futuro

¿Qué mantendrían de esta Argentina de hoy?  Celeste aspira a conservar “esta nueva generación que -afirma convencida- va a cambiar el rumbo de la política. Creo en la política del diálogo y del consenso, la fomentaría para el futuro”, destaca. Tatiana apunta a “la fuerza y la vitalidad que tiene esta nueva generación”, y en el recuento incluye al movimiento estudiantil, las mujeres y las diversidades. Tres espacios que golpean “con fuerza” sus reclamos y -se ilusiona- están próximos a ganar más derechos. Dylan apela a la solidaridad: “Lo que conservaría es la militancia y la solidaridad que tiene el pueblo consigo mismo. Cuando salimos a organizar ollas populares, cuando salimos a garantizar el distanciamiento social: rescataría ese tipo de solidaridad y organización comunitaria”. “La cultura del trabajo que hizo grande a la Argentina”, responde Santiago, que imagina un 2050 con “un país modernizado, integrado al mundo con un plan ecológico y sustentable”.

Tomás elogia “esto”. Y “esto” es juntarse, compartir miradas. “Divino tesoro”, “la vanguardia”, “el porvenir”: el lenguaje político se deshace en elogios anclados en una promesa de futuro, pero ellos hacen política en el presente, convencidos de que la verdad, quizás, pueda estar en otra parte. Tomás vuelve presuroso a las escalinatas de Derecho, donde más temprano tuvo su propio baño de multitud: un centenar de personas se reunieron allí para reunir firmas para lo que -se entusiasma- será un nuevo partido político listo para competir en 2023. Fernando y Santiago rodean la escultura de la Flor y enfilan hacia la Avenida Figueroa Alcorta: van para el mismo lado. Celeste, Dylan y Tatiana caminan juntos hacia la estación de subte de la Facultad de Derecho. Esperan el mismo tren.

Quiénes son

Fernando Torres (18).

Fernando Torres (18).

Milita en el Grupo de Jóvenes con Espert, Despertar. Su abuelo, Juan Palmero, fue ministro del Interior durante la presidencia de Arturo Illia. Y su tío, el periodista Luis Rosales, fue candidato a vice de José Luis Espert en las últimas elecciones. Esas fueron las dos chispas que encendieron “el fuego interno por la política”. Se sintió decepcionado con Cambiemos y esto lo llevó a buscar “una nueva alternativa”. A los 17 años dio el paso y se puso a militar. «Hago lo que me gusta”, suelta entre risas. Tiene ganas de estudiar Periodismo. ¿Pero por qué la política? “Porque un joven de mi edad hoy quiere irse del país: eso me preocupa”.

Santiago Riveros (17)

Santiago Riveros (17)

Milita en el grupo de Jóvenes Pro. En su casa siempre se habló de política. Pero el paso hacia la militancia vino después de las PASO del año pasado, “un momento de bronca” por el resultado adverso. Y así llegaron los días en la esquina de Santa Fe y Scalabrini, hablando con vecinos, repartiendo boletas y folletos, organizando el despliegue a través de Whatsapp. La política de la calle -dice- lo moderó. “Hablar con vecinos que no pensaban como yo me ayudó a ver que hay gente que piensa distinto y defiende sus ideales con la misma convicción”, agrega. Estudia en una escuela técnica, y piensa estudiar ingeniería electrónica. Una preocupación ronda su cabeza: la industria 4.0, el trabajo y la educación del futuro.

Celeste Villalba (21).

Celeste Villalba (21).

Milita en Franja Morada. Una compañera de la Facultad de Derecho la animó a sumarse la militancia juvenil.  Su padre es empleado en una empresa de seguridad privada y su madre, comerciante. Es la primera de su familia en ir por un título universitario. Y la primera en meterse en el mundo de la política. El apoyo de sus padres fue inmediato. “Somos el brazo estudiantil de la UCR, pero no hacemos lo que dice la UCR”, dice. Y pone como ejemplo el debate por la legalización del aborto, un tema sobre el cual la Franja marcó con claridad una posición favorable. Es que los derechos son una parte central en la mirada política de Celeste.

Tomás Sirito (17).

Tomás Sirito (17).

Milita en Uni2. Las elecciones de 2019 lo encontró como fiscal de Juntos por el Cambio. Pero no se terminó de sentir identificado con ese partido. Y vinieron las ganas de empezar algo nuevo. Así  se topó con Uni2. Presentó una propuesta y le dieron apoyo. De ahí a las reuniones comunales con jóvenes, y luego charlas por Zoom. Hoy ya son 250 jóvenes. El horizonte: la palabra cambio. Tomás piensa seguido en irse del país, pero la política lo motiva a quedarse. Dice que es su “última ficha”. Antes de la pandemia, jugaba al rugby en el Liceo Naval, donde cosechó su grupo de amigos. Confiesa que es admirador de Donald Trump. 

Dylan Sauco (19).

Dylan Sauco (19).

Milita en el Movimiento Evita. Nació en Liniers pero vive en Moreno, donde milita desde los 13 años. La militancia, asegura, llegó para quedarse en su vida. Dylan se sumó al centro de estudiantes en el secundario, respondiendo a la invitación de un compañero que lo animó a ir a una marcha. Fanático de las historietas, enumera algunos de los temas que lo mueven: «la soberanía alimentaria y la ecología». El año que viene quiere estudiar Trabajo Social en la Universidad de Moreno «porque hay un montón de gente fuera del sistema formal del trabajo y hay que reconocerle sus derechos”.  Mientras, organiza pintadas de murales en Moreno y jornadas de limpieza en los barrios. Lo suyo, dice, es “el territorio”, ahí donde la militancia se teje en la acción solidaria.

Tatiana Fernández (19)

Tatiana Fernández (19)

Milita en Unión de Juventudes por el Socialismo-Partido Obrero. Quizás no haya un punto de partida exacto en su militancia porque desde la cuna convivió con la actividad política. Su padre participaba de la izquierda socialista, en plena crisis del 2001. A los 13 años, ingresó al Colegio Nacional de Buenos Aires y aquello fue un nuevo inicio: el de cultivar un perfil propio, encuadrado en filas de la Unión de Jóvenes por el Socialismo. Así, dice, comenzó a percibir a la política como una herramienta para generar los cambios sociales. Seis años después se convirtió en presidenta del centro de estudiantes. Su deseo es que «la militancia ayude a construir otro tipo de sociedad».

Ricardo Scagliola, Juan Skretkowicz, Pablo Salas y Francisco Olivera, de la Maestría de Clarín/San Andrés



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