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La producción, distribución y comercialización de bienes de consumo e insumos está bajo tensión producto de la brecha cambiaria que alimenta expectativas de devaluación, la imposibilidad de ahorrar en dólares y el impacto positivo que eso tiene sobre la demanda en algunos sectores y las dificultades de producción a causa de la pandemia. En conjunto, estos factores explican la demora que tiene el consumidor para acceder a determinados bienes, algunos precios desbocados y la oferta reducida de supermercados y almacenes en un puñado de rubros de consumo masivo.

Como ya es costumbre en épocas de alta incertidumbre cambiaria, todas las relaciones de mercado se tensan: el consumidor adelanta las compras para anticiparse a una eventual devaluación, los comerciantes no quieren desprenderse de la mercadería porque no saben a qué precio podrán reponerla y los fabricantes acortan los plazos de pago, lo cual lesiona la situación financiera del resto de la cadena. Para colmo, a causa de la pandemia la oferta no tiene la capacidad normal de dar abasto a los aumentos de la demanda.

Por ahora, los problemas están más bien localizados: hay graves faltantes en el sector de insumos de la construcción, problemas en electrodomésticos y electrónica de consumo y en insumos como el cobre y demoras en entrega de colchones y muebles. En consumo masivo, la reducción de oferta, que no llega al desabastecimiento sino a “góndolas estiradas” o vacíos parciales, se da en aceites, yerba, harina y lavandina. 

Días atrás, la Secretaría de Comercio Interior realizó 25 mil fiscalizaciones en todo el país para controlar precios y abastecimiento, labró 6300 actas e impuso multas por más de 47 millones de pesos.

“La incertidumbre con el dólar hace que la gente quiera ahorrar y una de las formas es comprando materiales para protegerse ya sea frente a una devaluación o frente a la inflación. Hay muchísimas obras en viviendas familiares, así que vemos un fuerte aumento de la demanda en insumos de la construcción. Todos los corralones están duplicando su venta con relación al año pasado, con lo cual no hay posibilidad de hacer frente al abastecimiento. En ladrillos cerámicos, yeso, perfiles, cemento no alcanza la oferta”, explica Mario Galizzi, presidente de Apyme Santa Fe.

Salvador Femenía, presidente de la Unión de Comerciantes, Empresarios y Profesionales de Moreno y miembro de la CAME, indicó a este diario que “los sectores más afectados son la construcción, en particular en ladrillos, hierro y chapa. También hay problemas en el rubro de electrodomésticos.Todos los importados están con problemas. En los supermercados no hay desabastecimiento pero faltan marcas en productos puntuales, como lavandinas y desinfectantes”.

En el rubro de consumo masivo la situación está atravesada por la regulación de Precios Máximos que estableció el gobierno desde el comienzo de la pandemia. Desde una de las grandes cadenas de supermercados indicaron a PáginaI12 que “hay una tensión grande por el tema del control de precios, que genera una brecha con los precios en los comercios más chicos. Los proveedores no entregan o lo hacen en menor medida si no se aceptan los aumentos de precios, que están prohibidos por Precios Máximos. Entonces el cliente ve huecos en la góndola o la ‘góndola estirada’. También hay más terceras y cuartas marcas para poder compensar el faltante de otras”.

Victor Palpacelli, de la Federación Argentina de Supermercados, plantea que “desde hace un mes hay movimientos de precios de parte de proveedores e industrias. En los últimos quince días se ha puesto más difícil puesto que cuando el supermercado no acepta el aumento, nos dejan de entregar o se cuotifica la entrega, lo cual pone en riesgo el abastecimiento. Hay problemas en algunas categorías típicas, como aceite, yerba, arroz y algunas categorías de perfumería y limpieza”. Desde el sector mayorista agregan que “la entrega viene en muchos casos en cuotas y también hay empresas que lanzaron nuevas presentaciones de productos para eludir la reglamentación vigente desde marzo”.

Vicente Lourenzo, miembro Consejo Profesional de Ciencias Económicas de CABA, indicó que «lo que pasa en estas situaciones es que ni el fabricante ni el distribuidor se quiere desprender de la mercadería. Las fábricas cumplen con los grandes distribuidores, los clientes de toda la vida, pero al paracaidista que quiere aprovechar la oportunidad no se le vende«. En tanto, Pedro Cascales, de la CAME, resaltó que «no hay precio del cobre ni del resto de los metales y una demanda muy fuerte en celulares y autos. Se ve un acortamiento de los plazos de pago».



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