El vínculo con Estados Unidos luego de Trump | Tema…

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Producción: Florencia Barragan

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Volver a la “normalidad”

Por Pablo Kornblum (*)

Volver a la ‘normalidad’. Eso es lo que pretende lograr el gobierno que va a liderar próximamente Joe Biden. Bajo una discursiva cuidadosamente seleccionada, ya ha ilusionado a varios nostálgicos que sueñan con el regreso del orden neoliberal dirigido hegemónicamente desde Washington. Una ‘globalización armoniosa’, en la que sus otrora aliados y potenciales nuevos socios trabajarían para sostener un ‘win-win’ bajo el liderazgo estadounidense.

Para ello, la agenda de la política económica exterior se focalizará en algunas prioridades de corto plazo: desenhebrar las relaciones geoeconómicas con China, volver al multilateralismo amistoso con sus socios europeos y suavizar la presión financiera sobre el ‘eje del mal’ (Irán, Corea del Norte). ¿Lo relevante para quienes verdaderamente detentan el poder? El establishment se regodea pensando en un regreso al liberalismo económico que lo habilite a potenciar sus negocios con aquellos Estados más autoritarios y/o paternalistas, donde – bajo cierta eficacia y suficiencia – la lógica la acumulación de capital ha sido claramente más acelerada.

En nuestra región, podemos afirmar que el escenario económico no variará en demasía en relación a lo que muestran los libros de historia. Los que sostengan con mayor cariño y empeño el Consenso de Washington con rostro sudamericano – principalmente los miembros de la Alianza del Pacífico -, continuarán con ciertos privilegios a la hora de pensar en la profundización de las relaciones bilaterales pro mercado (con las carencias socio-productivas que ello conlleva). En contraposición, al mayor escepticismo con el más reacio Mercosur, se le adiciona un novedoso pragmatismo racional latinoamericanista (Argentina + México + Bolivia) que pretenderá un mayor diálogo de ‘igual a igual’, pero que lejos estará de generar cambios económicos estructurales.

Nada va a cambiar, al menos en términos sustanciales (léase nuestra Balanza de Cuenta Corriente históricamente negativa), para la Argentina. ¿Podemos achacarle a nuestro principal proveedor de Inversión Extranjera Directa y tercer socio comercial que son ‘Fans’ de la remisión de utilidades o los aranceles/subsidios? Puja de intereses interestatal capitalista, my friend, dirían desde el norte del Rio Bravo. ¿Nuestra usual respuesta? Algunos ciclos gubernamentales con mayor control de capitales, frecuentes devaluaciones derivadas de la estructuralmente deficitaria escasez de divisas, algo de ‘relaciones carnales’ de algún gobierno nostálgico de la Doctrina Monroe (aunque en la actualidad es imposible – y altamente contraproducente – ponerle un buffer de contención económico al gigante asiático). No sería de extrañar el vivenciar un popurrí ‘light’ de todo ello en el corto y mediano plazo. No mucho más.

Ahora bien, de la esperanza vive el hombre (sobre todo para esperar con ansias la ‘lluvia de dólares’). ¿Podría haber algún ‘coletazo’ positivo indirecto, como por ejemplo el pensar en la potencial suba de los precios de la soja y del etanol, consecuente con un presidente electo pro combustibles alternativos? Es plausible. ¿Es lo que más le importa a nuestro gobierno? Difícilmente. Ahora es el turno de que nuestra cintura política y la suerte, que siempre es necesaria y suele escasear en la arena internacional, logre que el accionista mayoritario del FMI le dé una palmada en la espalda a los técnicos del directorio para que tengamos la mayor flexibilidad posible – una patriada difícil bajo el Acuerdo de Facilidades Extendidas – a la hora de negociar los requerimientos de prudencia macroeconómica, ajuste fiscal, inflación controlada. Solo resta esperar que la keynesiana Janet Yellen, con la maquinita de imprimir en mano, incremente los estímulos monetarios y mantenga los tipos de interés bajos por un par de años para que podamos aprovechar el diferencial de tasas y un mundo más amigable para con el crecimiento económico y los intercambios.

Para concluir, el enorme dramaturgo y político francés Víctor Hugo, sostenía que “la utopía es el porvenir que se esfuerza en nacer. Mientras que la rutina es el pasado que se obstina en seguir viviendo”. Mientras esto último pareciera será el fiel reflejo de lo que ocurrirá a partir del próximo enero en los Estados Unidos, desde el sur del continente esperemos que, de una vez por todas, el idealismo le gane la batalla a la historia rutinaria y doctrinaria de una relación bilateral que se perpetuó como un lastre para con el desarrollo socio-económico equitativo e inclusivo para nuestras empobrecidas mayorías.

*Economista y Doctor en Relaciones Internacionales. Autor del Libro “La Sociedad Anestesiada. El sistema económico global bajo la óptica ciudadana.

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Vaso medio lleno

Por Gabriel Balbo**

Con la llegada de los demócratas al poder en Estados Unidos, el contexto económico sudamericano parece iluminarse ligeramente. Existen algunos fundamentos para ser optimistas y también para que ese optimismo sea moderado. Más allá del color político que pueda regir en la Casa Blanca, la diplomacia norteamericana en general y la económica en particular tienen baja elasticidad a los cambios.

Así, es difícil conjeturar condiciones dramáticamente mejores de intercambio comercial con Estados Unidos por parte de ninguno de los países de la región. Lo que si se espera son condiciones más laxas en las relaciones: la administración de Joe Biden seguramente dejará el garrote de lado y perseguirá objetivos similares que el gobierno saliente, con herramientas más blandas: nadie se imagina al próximo presidente tuiteando la restitución de las tarifas del aluminio, como hiciera Donald Trump hace exactamente un año atrás.

En cierta medida, Argentina va a mantener una buena relación con otra impronta. Así como Trump ha mantenido lazos de afinidad con la administración de Mauricio Macri, el próximo presidente norteamericano seguramente los tendrá con Alberto Fernández. Es un plus para una salida ordenada de lo que el primer binomio generó y/o propició: el endeudamiento con el FMI.

Es altamente probable que el gobierno de Biden apoye una renegociación de la deuda, incluso podría asegurar fondos adicionales. La nominación de Janet Yellen como secretaria del Tesoro de Estado Unidos es una excelente noticia para el gobierno de Alberto Fernández, ya que el Tesoro es una pieza clave en las decisiones del FMI, por su peso en el organismo, del cual es su mayor contribuyente con una cuota que vale el 16,52 por ciento a la hora de votar cualquier decisión.

En comparación, la situación de nuestros vecinos brasileños es un tanto diferente. Los lazos económicos y comerciales entre Estados Unidos y Brasil son más intensos y tienen (por su mayor peso específico) una relevancia mucho mayor: las exportaciones norteamericanas a Brasil representan un 32 por ciento del total sudamericano, las importaciones desde Brasil un 35 por ciento (comparativamente, los números de Argentina son 9 y 5 por ciento, respectivamente). En ese marco, Jair Bolsonaro está perdiendo en Trump su mejor aliado y no tiene actualmente aproximación alguna con Biden, de hecho, aún no ha reconocido su triunfo en las elecciones.

Pero la luz hacia Brasil viene desde otro lado: desde el Lejano Oriente. En este sentido, Bolsonaro no va a tener tanto compromiso con Washington como los que habría esbozado frente a la administración Trump en el “asunto Huawei”. Es que las presiones que ha soportado Brasilia por parte del gobierno norteamericano para que proscriba a los chinos de sus redes 5G, no tendrían la misma carga con la administración Biden: el gobierno brasileño podría repensar su veto a los chinos por el 5G y evitar los riesgos de posibles represalias comerciales de China. Actualmente, el mercado chino como destino (64,3 mil millones de dólares) representa más del doble que el mercado norteamericano (29,3 mil millones). Así, una de las mejores ganancias para Brasil en esta jugada será contar con las redes de 5G más competitivas (y más económicas) del actual mercado, y por lo tanto elevar un escalón en la capacidad global de su economía.

Contrariamente a Brasil, los compromisos de Argentina con Estados Unidos son más intensos y del otro lado también está China presionando. Y aquí es donde también aparece el 5G como variable. Washington va a mantener sus pretensiones globales con respecto al veto sobre Huawei también para Argentina, inclusive pudiéndose configurar implícitamente como condición para futuros apoyos en el terreno financiero. Beijing tampoco se va a quedar atrás en sus demandas, más aún después de la renovación por tres años del swap por el equivalente a 18.700 millones de dólares que detenta el Banco Central.

En definitiva, podemos ver dos distintas situaciones en el plano regional con respecto a la llegada del nuevo anfitrión a la Casa Blanca. Tanto desde el Palacio de Planalto como desde la Casa Rosada se vislumbran ventajas al respecto (el vaso medio lleno) en el plano de la modernización industrial en el primer caso, en el financiero en el segundo. En ambos contextos habrá que tener muy en cuenta las habilidades y el esfuerzo diplomático, ya que sea desde Itamaraty o desde el Palacio San Martín, sus funcionarios tendrán que trabajar horas extras.

**Analista de Relaciones Económicas Internacionales, Tecnología y Geopolítica. Director de ESPADE.

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