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La organización internacional de derechos humanos Amnistía Internacional comprobó, con tecnología digital especializada, la primera masacre de civiles en el conflicto en Etiopía. Amnistía recibió una serie de fotos mostrando a «veintenas y talvez centenares» de civiles muertos y la analizó en su Laboratorio de Evidencia de Crisis. Los técnicos comprobaron que las imágenes no habían sido manipuladas ni editadas, y comprobó por geolocación que habían sido tomadas en el pequeño pueblo de Mai Kadra. La alta Comisionada por los Derechos Humanos de la ONU Michelle Bachelet llamó a una investigación de lo que considera un crimen de guerra contra civiles.

La masacre ocurrió el lunes 9 de noviembre al final de la tarde y las víctimas son campesinos y peones que se encontraban en el pueblo. Ninguno de los muertos y heridos tenían ningún rol en los enfrentamientos entre la Fuerza de Defensa de Etiopía, el ejército nacional, y militantes armados del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray. Según se ve claramente en las imágenes, los campesinos fueron asesinados con armas blancas, puñales y machetes, lo que encaja en el perfil tradicional de un ataque «panga», como se llama en Africa al machete u otra herramienta de hoja larga.

Según los sobrevivientes y testigos que Amnistía Internacional pudo entrevistar, pese al bloqueo de comunicaciones del gobierno etíope, el ataque contra los civiles lo efectuaron milicianos del Frente de Liberación que en la mañana del mismo lunes habían sido derrotados por el ejército nacional. La secuencia de eventos que reconstruyó la ONG es que los derrotados entraron al pueblo luego de perder en combate y se desquitaron con los locales, a los que acusaban de proveer de comida a los militares.

Los atacantes avanzaron hacia el centro del pequeño pueblo y fueron dejando cadáveres en las calles que llevan a la plaza central. Allí, frente a la sede del Banco Comercial de Etiopía, presente en las localidades más remotas del país, fue el centro de la masacre. Recién a media mañana del martes y luego de rodear Mai Kadra entraron las tropas nacionales y se encontraron con las víctimas. Los pocos sobrevivientes fueron atendidos por los militares y los más graves fueron enviados a Abreha Jira y a  Gonder, la ciudad importante más cercana.

Amnistía Internacional no considera probado que las fuerzas tigriña sean definitivamente culpables de este crimen de guerra, pero afirma que los testimonios apuntan claramente en este dirección. Un detalle que refuerza la hipótesis es que las víctimas fueron mayoritaria o totalmente amariña, el grupo étnico dominante en el sur. Dos testigos afirmaron que los masacrados no eran tigriña y uno que las tropas, al revisar los documentos de los muertos, encontró que eran inmigrantes amariña del sur. El gobierno de la provincia de Amhara condenó la masacre y dijo que las víctimas pueden ser quinientas.

El actual conflicto en el norte de Etiopía comenzó el cuatro de noviembre cuando el premier Abiy Ahmed envió tropas a la provincia de Tigray, después de que un grupo de milicianos locales atacara un cuartel militar. Tigray, que tiene fronteras con Eritrea y Sudán, considera a Ahmed un enemigo político que terminó con el enorme poder de la provincia y su Frente de Liberación en los asuntos nacionales. La fuerza aérea etíope está bombardeando instalaciones militares del Frente y de la policía local. Según la ONU, el conflicto ya generó al menos siete mil refugiados que dejaron la zona oeste de la provincia y entraron a Sudán.



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