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Los datos del conteo oficial casi culminado dejan claro cómo ha quedado el mapa político del estado plurinacional de Bolivia. En síntesis, el MAS ha vuelto a la presidencia. Tal situación política dejará espacio para múltiples análisis, pero la inmediatez brinda la posibilidad de observar algunos datos que ofrecen, por decirlo así, singularidades a ser tenidas en cuenta. Veamos algunas:

1- El resultado fue imprevisto en un doble aspecto: a) el MAS ganó en primera vuelta cuando los análisis y datos previos casi aseguraban una segunda vuelta y, b) la diferencia porcentual fue abismal para lo que se esperaba, aún en el hipotético caso que el MAS ganara en primera vuelta. Por lo tanto, una vez más, las encuestadoras “fallaron”. El tema es por qué fallan, si es por impericia, por malas bases de datos, por la necesidad, también económica, de brindar encuestas diarias y trabajar con llamados a celulares lo que debilita la confiabilidad de la muestra. Varias de estas razones son posibles, pero mencionemos otra: las respuestas populares ante elecciones en disputa suelen, o acostumbran, a ofrecer resultados sorprendentes. Elecciones en disputa, o sea donde se juegan cambios potencialmente disruptores del status quo, suelen mostrar un electorado que en grandes porcentajes es renuente a responder certeramente a las encuestas. No por que tiene dudas en su voto sino porque no lo anticipan. En la subjetividad de los votantes juega la importancia del acto electoral y los lleva a “esconder” su opción. Una vez más ninguna encuesta de las decenas que se publicaron en las últimas semanas en Bolivia estuvo siquiera cerca del resultado final.

2- En las principales ciudades de Bolivia (excepto Santa Cruz), agrupando los porcentajes de votos la elección fue mucho más pareja que el resultado general. De hecho, Comunidad Ciudadana, el partido de Carlos Mesa, principal opositor al MAS, triunfó holgadamente en Beni y Tarija y perdió por muy poco en Oruro y, sobre todo, La Paz. Esto habla mucho del voto campesino e indígena, de la inexistencia de esas preferencias en las encuestas y, más importante para lo que viene, de cómo se va a leer el futuro gobierno desde sus principales respaldos sociales. No solo por algunas “cuentas a saldar” entre campesinos e indígenas con el anterior gobierno del MAS (TIPNIS- Chiquitanía), sino también por las “pertenencias sociales” de los dos herederos del gobierno de Evo: Luis Arce y David Choquehuanca.

3- En Santa Cruz de la Sierra, bastión del otro opositor al MAS Luis Camacho, político de símbolos parecidos al bolsonarismo y sus apoyos en las tres B (Biblia, Bala y Buey), Creemos, su partido, obtuvo el 45% de los votos, mientras que la CC de Mesa sacó el 17%. Es decir, más del 60 % de los votantes santacruceños son férreos opositores al futuro gobierno. Y el dato más relevante es que Santa Cruz es el departamento clave en el desempeño de la economía boliviana, al punto que en 2011 el mismo Evo Morales tuvo que pactar con la elite agroganadera santacruceña la “pax” política a cambio de concesiones económicas. Un equilibrio entre política y economía que habrá que seguir muy de cerca.

4- El voto dividido en las ciudades refleja la polarización que vive Bolivia desde hace muchos años, que emergió furiosamente en octubre/noviembre del año pasado y, ahora, se expresó electoralmente. Es una polarización étnica, clasista y cultural. Es una polarización que entremezcla la objetividad de las situaciones económicas con subjetividades que llevan siglos expresándose en términos de dominación social. Es una frontera compuesta por intereses materiales pero también de expresiones de intolerancia y odio. Es, en definitiva, una división irreconciliable con potenciales acuerdos o negociaciones políticas. Un enfrentamiento que “resucitó” después del 16 F de 2016 (referéndum por la reelección de Evo) cuando ya la hegemonía del MAS parecía haberla dominado. Por eso la violenta reacción de 2019 después de las elecciones.

5- Es un comentario recurrente que la diferencia enorme de votos (respecto a lo que las encuestas decían y, por ende, la población esperaba) dejó excluida, si existía, la posibilidad de desconocer y resistir un triunfo del MAS en segunda vuelta. Una carta a mano posible de los sectores más recalcitrantes del antievismo. Pero ese descarte no significa que la tensión latente por la vuelta del MAS al gobierno se haya diluido. Es posible pensar que, a lo sumo, se está procesando recién el sacudón electoral y, desde algunos sectores, elucubrando alternativas. Aunque los votos y el reconocimiento internacional de la elección torne disparatada cualquier intervención por fuera de los canales democráticos

6- Por último, ¿es posible pensar en una vuelta a Bolivia de Evo? ¿Cuándo sería el momento oportuno? ¿Cuál sería el papel de Evo en el nuevo gobierno? ¿Cuál sería el papel de Evo en la política boliviana de acá en más?

Diego M.Raus es Docente Titular UBA, Director Licenciatura en Ciencia Política y Gobierno, Universidad Nacional de Lanús.



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