Crece la tensión entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner por la ofensiva judicial

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Alberto Fernández y Cristina Kirchner transitan por uno de los momentos más álgidos de su relación, a poco de cumplirse un año del regreso del peronismo al poder a través de un frente heterogéneo y desigual que completa el actual titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

“El secreto de la coalición también es cuidar la susceptibilidad del otro, es cuidar que el otro se sienta parte de la coalición”, afirmó Alberto Fernández en un extenso reportaje al medio español El Diario. Y volvió a reiterar, por las dudas, que “Cristina es un personaje central”.

Sin embargo, el Presidente consideró necesario subrayar que “la toma de decisiones es mía, siempre es mía y en eso no hay dudas: en los aciertos y en los desaciertos. Es mía”.

Hace tiempo que la Presidenta y su vice no hablan cara a cara. Sólo mantienen algunos contactos telefónicos o por vía de terceros. El mandatario sabe que están atados por una cuestión de supervivencia política. Pero varias veces ha manifestado, al igual que los gobernadores e intendentes del PJ más cercanos, la necesidad de salir de “la lógica de Cristina” de la confrontación permanente y retomar el camino el diálogo político.

Sobre los “personalismos”, Alberto F. dijo que “es una de las cosas que quisiera cambiar dentro de la coalición y dentro del peronismo mismo (…) Yo descreo de los personalismos”.

En estos más de once meses de gestión hubo distintos asuntos que pusieron en relieve esas diferencias que ubican a Alberto F. cercano a Massa, y a ambos distantes de Cristina Kirchner que se respalda en en su hijo Máximo Kirchner, jefe del bloque de diputados oficialistas, y en La Cámpora.

El último cruce entre ambos es la designación de Daniel Rafecas para la Procuración, cuyo pliego ingresó en marzo al Senado pero lleva ocho meses sin que la Comisión de Acuerdos, que preside la camporista Anabel Fernández Sagasti, lo convoque para la audiencia formal. El Gobierno está decidido a avanzar en el nombramiento de Rafecas, pero Cristina Kirchner rechaza su candidatura.

La interna afloró con el frustrado intento de expropiar Vicentín, y se agravó cuando el Presidente se mostró junto a un grupo de empresarios en el acto por el Día de la Independencia que después Cristina cuestionó.

Luego le seguirían otros cruces entre el Gobierno y el cristinismo como la condena por la violación de los derechos humanos de Venezuela o la usurpación de tierras que la Casa Rosada tardíamente condenó.

En tres oportunidades Cristina Kirchner utilizó Facebook para pronunciarse públicamente: en dos, se despegó de la gestión de Alberto Fernández. Fue cuando aseguró que “la verdadera reforma judicial no es la que vamos a debatir”. Hacía poco que el Presidente había convocado a un solemne acto en la Casa Rosada con quienes integrarían el Comité Asesor para el funcionamiento de la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura y el Ministerio Público.

La segunda ocasión fue un día antes del aniversario de la muerte de Néstor Kirchner en una carta en la que dejó en claro que “en la Argentina el que decide es el Presidente. Puede gustarte o no lo que decida, pero el que decide es él”.

En ese texto blanquearía las críticas que desde su entorno ya habían dirigido al gabinete nacional al aludir a la difícil situación económica “más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos o desaciertos”. Semanas después Alberto F. le pediría la renuncia a la ministra de Vivienda, María Eugenia Bielsa, una de las apuntadas.

Luego vendrían una serie de medidas restrictivas dispuestas por el ministro de Economía, Martín Guzmán, en un claro mensaje a la misión del FMI que llegaba al país para continuar la ronda de negociaciones con el objetivo de acordar un programa.

Se anunció una nueva fórmula para las jubilaciones teniendo en cuenta el incremento de los salarios y la recaudación pero no la inflación. Una política cambiaria administrando la brecha entre el dólar oficial y el blue. Y el recorte en las ayudas a los individuos, IFE, y a las empresas ATP, en medio de la pandemia.

En ese contexto hubo una tercera carta de Cristina, esta vez no en primera persona sino a través de los 39 senadores que le responden en la Cámara Alta, dirigida al FMI y en plena negociación. En la misiva, se cuestionó al Fondo por haberle concedido un stand by, al que califican de ilegal, al gobierno de Mauricio Macri, y le reclama que “se abstenga de exigir o condicionar las políticas económicas de la Argentina para los próximos años”. La estrategia armada por el ministro Guzmán sufría un revés.

Como parte de la entrevista que Alberto Fernández dio este domingo al programa “Corea del Centro” de NET TV, el mandatario aseguró que “Cristina es una gran dirigente, pero no fue Perón, claramente, con todo el respeto”.

Atrás quedó el acto por el Día de la Lealtad, el 17 de octubre, al que Cristina no asistió y apenas cumplió con su presencia Máximo Kirchner. El cristinismo no comulga con la CGT ni con la dirigencia peronista ortodoxa. Prefiere, como lo hizo en el Día de la Militancia el 17 de noviembre, a La Cámpora, las organizaciones sociales y el moyanismo.

“No voy a hacer albertismo. Ni me voy a plantar delante de nadie. Voy a tratar de que esta fuerza política siga funcionando más allá de Cristina, de Alberto y de Massa”, aseguró el Presidente ayer. A nadie se le cruza una ruptura en el Frente de Todos, pero la confrontación entre el Presidente y su vicepresidenta está más latente que nunca.

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