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Otra diplomática cercana a Cristina Kirchner será embajadora en un destino clave

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María del Carmen Squeff, más conocida como «Marilita», será la embajadora en las Naciones Unidas. En los primeros días del nuevo gobierno fue nombrada subsecretaria de Mercosur y Negociaciones Económicas Internacionales. Pero se decidió que en los próximos meses reemplace a Martín García Moritan. Diplomático de carrera, también con rango de embajador, García Moritán ha sido el jefe de la misión argentina en los cuarteles centrales del organismo, en Nueva York, durante los últimos cuatro años.

Ex embajadora en Francia y en Nigeria, Squeff es la segunda mujer que nombran en semanas en un puesto diplomático en el exterior que resulta clave, para cuestiones sensibles como la paz y los conflictos internacionales donde el país debe fijar postura. O también porque allí se libra la batalla con el Reino Unido por la soberanía de las Malvinas. O se abordan cuestiones que van desde la crisis de Oriente Medio a Venezuela. 

Hace unas semanas, Alberto Fernández y su canciller, Felipe Solá, resolvieron una interna en torno a quién sería el embajador ante el Vaticano a favor de María Fernanda Silva, ministra en la carrera diplomática, y quien seguramente ascenderá pronto al rango de embajadora, que sí tiene Marilita.

Tanto Silva como Squeff son dos diplomáticas de fuertes convicciones cristinistas. De hecho primero trascendió que Squeff iría al Vaticano, y Silva apareció como candidata «sorpresa».

La diferencia es que Silva hizo su militancia en público con sus remeras del libro de la ex presidenta, «Sinceramente», participó en actos públicos e hizo declaraciones contra sectores del kirchnerismo a los que criticó por «abandonar» a quienes considera «presos políticos», como Milagro Salas y Luis D’Elía.

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En cambio a Squeff, con más años de carrera, no se le conocen declaraciones públicas, aunque durante toda la campaña electoral alineó a la tropa peronista y sobre todo a los jóvenes de la carrera diplomática en la Cancillería. E hizo un video junto al ex canciller Jorge Taiana en favor del Frente de Todos. Había vuelto antes de tiempo por problemas de salud que adquirió en Nigeria. 

Squeff es santafecina, al igual que el ex canciller Jorge Faurie. Estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario. Se especializó después en la Universidad de Bruselas. Y además de embajadora en Francia y en Nigeria, tuvo otras misiones, en una Cancillería dominada durante años por puestos masculinos. Fue adscripta a la misión de apoyo al proceso de paz en Colombia; subsecretaria de Política Exterior; y tuvo varios puestos en la FAO (el programa de alimentación y agricultura de la ONU). También presidió el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial.

Hoy también se encuentra como miembro de la Junta de Ascensos diplomáticos, que preside el ex vicecanciller Eduardo Zuaín, quien a su vez será nombrado director del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), donde se forman los aspirantes a diplomáticos de carrera.

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Squeff no tiene remplazo para ir como jefa de la misión de la ONU, donde impera un alto respeto hacia García Moritán. Pero seguramente ese recambio se realice entre este primer trimestre y el segundo del año.

Alberto Fernández protagonizará su primera Asamblea General del organismo en septiembre próximo, y Felipe Solá su primer Comité de Descolonización, en junio. Para entonces ya debería estar establecida Squeff.

Al mismo tiempo, confirmó Clarín, los reemplazos pensados marchan al ritmo del escaso presupuesto que hay para llevar y traer funcionarios. Igual, las «bases» kirchneristas en Cancillería reclaman la vuelta a «La Casa» de aquellos que fueron enviados con el gobierno de Mauricio Macri. No hay dinero para hacer esos cambios tan rápido. Pero además, el gobierno ya entró en contacto con varios funcionarios que estaban de antes y les dijeron que seguirán en el puesto. 

Los embajadores políticos nombrados por Fernández -hasta ahora 12- no fueron confirmados por el Senado. Y si bien en el caso de los diplomáticos no se necesita apoyo parlamentario, también implican un gasto de entre US$ 70.000 y US$ 90.000 para el que sale y el que entra. Solá suspendió varios traslados decididos por la gestión de Faurie. 

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