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El conteo de los votos en Estados Unidos: una noche…

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Las acusaciones de fraude y las acciones de fraude electoral del presidente Donald Trump resultaron en un miércoles de manifestaciones en varias ciudades de Estados Unidos. Partidarios del presidente se concentraron en centros electorales donde se cuentan votos para exigir, como hizo Trump, que paren el conteo. En Arizona, donde las diferencias son mínimas, los trumpistas se exhibieron con carteles y armas a la vista. En otras ciudades, diversos grupos progresistas marcharon con la consigna de que se cuente «hasta el último voto» y con banderas y carteles recordando la violencia policial. Nuevamente, la policía de la ciudad de Nueva York dio la nota maltratando una manifestación pacífica y arrestando a veinte manifestantes.

Unos 150 manifestantes rodearon la oficina electoral de Phoenix, Arizona, y exigieron que se detuvieran el conteo. Varios exhibían armas, lo que es legal en ese estado. Arizona puede definir la elección con sus votos en el colegio electoral y la diferencia entre Trump y Joe Biden es mínima. Para mayor enojo de los manifestantes, el estado está cambiando de ser un baluarte republicano a un electorado «en juego» entre ambos partidos.

Un detalle de esta marcha fue el efecto de una «fake news» que circula en sitios de derecha, acusando a un funcionario local de hacer trampa contra Trump. El funcionario es Adrian Fontes, que se encarga del conteo en el muy poblado condado de Maricopa, que puede determinar el resultado final. Sin la menor prueba, los manifestantes acusaban a Fontes de anular votos de Trump. La oficina electoral declaró que ni piensan frenar su trabajo y planean anunciar los resultados del estado esta noche.

En Detroit, Michigan, uno de los viejos centros industriales norteamericanos en crisis, otra manifestación trumpista se reunió frente al centro de conteo pidiendo que paren su trabajo. La campaña republicana se presentó ayer a la justicia exigiendo que frenen el conteo, pero los jueces todavía no fallaron. Trump también está litigando en Georgia y Pensilvania, después de declarar en la madrugada del martes que había ganado las elecciones y que cualquier otro resultado es fraudulento.

Pero si los trumpista se manifestaron en Detroit, los demócratas lo hicieron en Minneapolis, Minnesota. Cientos de personas marcharon por el centro y ocuparon parte de la autopista local, la Interstate 94, y fueron desalojados por la fuerza con gas pimienta y empujones por la policía. Hubo varios detenidos.

En Nueva York también hubo una marcha perfectamente pacífica, pero cuando los manifestantes llegaron al West Village, en Manhattan, la policía les cayó encima a golpes y empujones. La excusa fue que alguien prendió fuego a un tacho de basura y hubo al menos veinte detenidos.

En Portland, Oregón, una ciudad que vivió meses de marchas contra la violencia racial y policial, hubo una marcha por el centro hasta la costanera, donde se realizaba un evento condenando el intento de Trump «de robar la elección». Un grupo volvió a marchar y hubo vidrieras rotas, con lo que la policía declaró esa marcha un «disturbio» y les cayó encima, arrestando a diez. Un detalle llamativo es que el intendente de Portland le prohibió a la policía de la ciudad usar gases lacrimógenos por el abuso de esa arma en manifestaciones anteriores. Ayer, la gobernadora del estado Kate Brown había declarado un estado de emergencia, lo que le permitió usar anoche policías estatales y no locales. Por eso se volvió a usar gas y golpes.

También hubo marchas en Seattle y Chicago, entre otras ciudades, organizadas por el grupo coordinador Refuse Fascism.

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